Esta historia empieza con dos hermanos muy unidos, se remonta en los sueños de un recuerdo lejano, donde la pesadilla se reflejaba en sus rostros y cuando esta termina, el principio del fin comienza.
Era en una
pequeña casita donde todo comenzó, oculta en lo más profundo de un bosque, bajo
la luz de la luna y un manto estrellado.
En ella con tres
años de edad, se los veía jugar con su pequeño muñeco, ambos lo querían tener
en sus brazos; ella abrazaba las piernas de este peluche mientras que él lo
sujetaba de los brazos. El color de pelo que tenían, era bastante llamativo,
azul, un azul fuerte y brillante. Los dos pares de ojos verdes empezaban a
humedecerse ante la frustración de no tener lo que querían, solían ser
inseparables, pero esas peleas sin sentido que le dan sentido a la niñez nunca
faltaban. Terminaron lloriqueando, llamando la atención de ella. Una mujer,
tenía el pelo de un celeste alilado, con mechones morados como sus ojos, se acercó y arrodilló frente a ellos. Intento
calmarlos, agarrando el juguete y diciendo que no pelearan, mientras con este
empezaba a imitar vocecitas, que los divertían, los distraía del llanto y
mientras guardaban silencio solo para romperlo con unas risitas inocentes ante
aquel acto de cariño.
Fue cuando, sin
aviso alguno, se quedó callada, intentaba escuchar algo levantando sus orejas
en señal de atención, ruidos venían de afuera, se levantó repentinamente
soltando el muñeco, no era nada bueno lo que se cercaba.
¡¡¡BLUMM!!!
Un estruendo se
escuchó, la pared de la entrada se derrumbó en un instante, la electricidad
empezó a fallar, las luces titilaban. La mujer se preparó para lo que viniera,
el humo que provocaron los escombros no dejaba ver lo que se acercaba.
La luz volvió a
la normalidad, pero la oscuridad envolvía el lugar, las sombras se levantaron
frente a ellos, mientras que una macabra risa invadía el lugar. En el medio, la
sombra más grande se levanta, formando una silueta oscura, una representación
que eligió el demonio para manifestarse en aquel plano. Sus ojos rojos
resaltaban entre tanta oscuridad. Sonreía de manera maniática al igual que los
que aparecieron luego.
Seres oscuros en
forma de sombras se colocaban a los costados de la habitación, dejándolos sin
salida. Eran demonios, todos ellos iguales, los ojos rojos resaltaban en toda
la habitación, la forma en la que se movían parecían ser reptiles arrastrándose
por el aire hasta su posición, tomando luego, una forma apenas razonable.
-
Raizer… - aquella mujer pronuncio ese nombre con una mezcla de odio y
temor.
-
Una muy aburrida bienvenida nos dio tu compañero – dijo este ser sin
sacar la expresión de su rostro, llenando cada rincón con el profundo odio en
vida que sonaba su voz.
Uno de los
demonios de las sombras se acercó desde afuera, colgando entre sus dientes el
cuerpo de un joven con cabellos grises, lleno de heridas y luchando por poder
respirar; fue lanzado al suelo cerca de la mujer.
-
¡Gin! – ella grito su nombre arrodillándose junto al cuerpo de su
compañero, mientras se le humedecían los ojos.
-
Llego su fin, no tienen escapatoria… - dijo Raizer con lo que parecía
ser un susurro leve- ríndete, entrega a los niños… y tal vez salgas viva de
esta…
-
¡Ni lo sueñes! – grito ella levantándose del suelo, no había tiempo para
lamentos, debía proteger a los niños… debía actuar ya- no dejare que se les
acerquen, que les hagan daño, y mucho menos que los controlen.
-
Bien… Mátenla.
Los demonios
fueron contra la mujer, esta alzo sus manos hacia el frente, una luz brillante
formo un escudo alrededor de ella y los niños, quienes abrazaban con miedo y en
silencio su muñeco. Los demonios chocaron contra el escudo, no pudieron evitar
soltar un pequeño gemido de dolor, esa luz, esa energía, les hacía daño. Todos
se alejaron un poco, no querían acercarse nuevamente, todos los ojos rojos
brillaban en es esa habitación, pero los de Raizer destacaban entre ellos, su
expresión cambio seriamente.
-
Rompan ese escudo ahora mismo.
No lo pensaron
dos veces, el escudo intensifico su luz mientras los demonios iban contra él,
los primeros que chocaron se desintegraron al instante, acto seguido aquel
brillo disminuyo drásticamente. El resto de los demonios empezó a golpearlo con
sus cuerpos, piches filosos salían de este campo de protección, clavándose en
ellos. A cada segundo la luz disminuía más y más. Se empezaba a distinguir la
desesperación en el rostro de la mujer.
Raizer se acercó
al escudo ya con su macabra sonrisa de vuelta, los demás se apartaron de su
camino. Alzo su brazo hacia la única protección que tenían, este se empezó a
fundir en sombras mientras se formaba una cuchilla.
Sus miradas se
conectaron entre el odio y la maldad; la desesperación y el miedo.
Levanto la cuchilla y ataco, atravesó el escudo de energía y más allá…
la mujer intento hacerse a un lado, pero le fue imposible, la cuchilla le dio
de lleno en el pecho mientras el campo de protección desaparecía. La levanto
del suelo, manteniéndola empalada y la lanzo bruscamente apartándola de su
camino.
Ella se despertó
de golpe, el duro choque de la realidad termino de despabilarla por completo.
Sentía una presión en el pecho por la desesperación del sueño, pero era solo
eso, un sueño. No tenía por qué preocuparse, bostezo mientras estiraba
lentamente los brazos.
-
Ey… ten cuidado, Sonia… - dijo un niño, quien estaba recostado a su
lado, a los pies de un árbol bajo la sombra que este daba.
-
Perdón Plata, no te vi… - dijo aquella niña frotándose un ojo.
Era de día, por
la tarde, el sol brillaba en lo alto, mientras ellos se despertaban de una
pequeña siesta.
-
Valla pesadilla – dijo el mientras se levantaba y estiraba.
-
Ni lo menciones… - dijo ella mirando hacia otro lado.
-
Solo son sueños hermanita, vamos a olvidarlo – dijo estirando la mano
hacia Sonia para ayudarla a levantarse.
Aquellos niños
que en el sueño se veían, hoy compartían una vida plena de felicidad,
ignorantes del pasado que se representaba en aquella pesadilla. Se volvieron
dos chicos muy unidos, con un inmenso cariño el uno al otro y criados a partir
de sus habilidades especiales. ¿Qué es esto de las habilidades? Bueno, ellos
podían correr y moverse muy rápidamente, la velocidad que ellos tenían van más
allá de su comprensión, esta habilidad recorría ambos cuerpos por completo. No
todos tienen tales dotes, eran resultados de extrañas combinaciones genéticas o
eran conseguidos según el destino con el cual cada uno se topaba; las personas
que los tenían lograban destacar fácilmente, ya que se dejaban llevar por sus
habilidades.
Sus sentimientos
se transmitían a través del otro, muchas veces pensaban lo mismo, mostraban las
mismas expresiones, compartían muchos gustos en común, cuando uno decaía, el
otro lo sentía casi al momento. La conexión entre ellos podría haber sido una
habilidad especial bastante interesante, pero no era producto de aquellas
mutaciones celulares; solo el destino quiso que ellos fueran más unidos de lo
que nadie jamás podría serlo con otra persona.
Se dice que los
gemelos a veces son tan unidos que tienen extrañas conexiones entre ellos
¿Podría ser cierto?
Una de las cosas
que más tenían en común, eran los sueños, desde que tienen memoria la mayoría
de ellos los compartían como si fuesen uno. Puede que los sueños produzcan
diferentes efectos en los jóvenes, pero sin que ellos se dieran cuenta, también
era algo que tenían en común. Por lo que en este momento, ambos sabían de la
preocupación del otro y a su vez, que debían aplacar las angustias del otro
para no deprimirse por cosas, en este momento, sin significado o coherencia
alguna.
La diferencia que
se puede ver en estos niños a sus 11 años de edad, con la de sus 3 años
contados en sueños; Es que uno de ellos es diferente a lo descrito
anteriormente, la niña tenía unos largos cabellos ondulados de un color que
resaltaría hasta en la oscuridad más profunda de un abismo, era fucsia y con
unos cuantos bucles que destacaban cerca de su rostro. Él tenía el pelo un poco
largo para ser un chico y un tanto ondulado con unas mechas negras en las
puntas, pero no dejaba de ser de ese azul.
Que mejor para
aliviar aquellas pesadillas que unas cuantas carreras. Siendo niños, les era
fácil olvidar los problemas, se divertían de formas absurdas, pero eso no
sucedía al correr. Son sus habilidades después de todo, disfrutaban plenamente
de esto, les encantaba sentir como el aire se cortaba ante sus roces, como
generaban su propia ventisca, sentían que volaban, que eran parte del mismo
viento, que podían lograrlo todo con tan solo mantenerse en movimiento. Para
ellos, tomarlo como un juego a esa edad es lo más fácil de deducir y claramente
es como se lo tomaban; les gustaba desafiarse entre ellos, ver quien llegaba a
algún lugar antes, quien alcanzaba al otro para luego escapar, cualquier juego
en el que pudieran correr, divertirse y superarse, les venía bien.
Su simple juego
lleno de risas el bosque por donde corrían, las hojas de los árboles se movían
bruscamente ante sus pasos, apenas se los podía ver pasar entre ellos, esquivándolos
y evitando chocarse. Jugaban a la mancha, el típico "las quedas"
provoco que Sonia terminara persiguiendo a Plata. Pero logro darse la vuelta
rápidamente para tocarle la cabeza.
-
¡Las quedas! -dijo en un leve canturreó, agarrándose de la rama de un
árbol y dando un giro, yendo para otra dirección.
Plata giro sobre
si persiguiéndola, se dirigían a las lejanas montañas, tardaron unos pocos
segundos en llegar a ellas. Entre las distracciones de Sonia para que él no la
agarrara o para perderlo, se podían ver
como daban vueltas de acá para allá. Estando frente a las montañas ella se lanzó al suelo, derrapando entre unos arbustos
enormes que estaban muy pegados a los árboles. Plata los saltó por encima y
dándose cuenta de que perdió a Sonia de vista siguió corriendo por los costados
de la montaña, en espiral fue subiendo hasta la cima.
En los arbustos
se podía ver como ella salía de estos, se sacudía un poco y corría normalmente
en dirección contraria a las montañas, sabía llamaría la atención yendo rápido.
Plata desde lo
alto observaba alrededor, no veía nada por encima de los árboles, sabía que las
hojas se moverían bruscamente si ella pasaba corriendo. Cerró los ojos unos
segundos mientras decía para sí:
-
Bien pensado Sonia… no podré verte si no corres –Luego sonrió mientras
se sentaba entre las rocas.
Decidieron que el
juego ya había terminado, por lo que el dejo de buscar y ella volvía a correr
rápido. Así es, esto se debe a su conexión, solo sintieron que ninguno de los
dos quería seguir el juego, ya se sentían mejor que cuando despertaron, solo
iban a relajarse cada uno a su manera.
Sonia se estaba
metiendo en la parte densa del bosque, donde la vegetación se hacía más
frondosa, en ese lugar no podía correr rápido, los árboles se pegaban más entre
ellos, las plantas salían por todos lados, aun así no disminuyo la velocidad,
si no que la aumento. Parecía ser una selva aquella zona en la que entro,
aunque ella estaba familiarizaba con este sector, lo único que buscaba era
mejorar sus técnicas. Esquivaba árboles y plantas, intentaba no tocar ni una
hoja mientras se abría paso en aquel lugar; quería ser más ágil, más rápida,
tener la delicadeza de saber cómo moverse ante cada obstáculo.
Fue cuando se
escucharon ruidos metálicos, no se sabía de donde venía. Hasta que algo
apareció de repente sin darle tiempo a frenar, chocando contra ello y cayendo
al suelo.
Levanto la vista
queriendo ver contra que se envistió.
Antes de poder
ver siquiera quien o que era, algo la levanto del suelo, era metálico y frio.
Intento zafarse, pero la sujetaba fuertemente.
-
Oh, ¿Pero que tenemos aquí? Sonia, maldita bola de pelos, que suerte
tengo que seas tan descuidada a veces.
Era un hombre de
cabellos grises, llevaba lentes de los cuales titilaban luces que no dejaban
ver sus ojos. Tenía una bata larga que daba la impresión de ser un doctor.
-
Kaz… Kaz… Kaz… -dijo Sonia en un leve susurro negando con la cabeza-
¿Cuándo aprenderás que secuestrar gente es malo?
-
Me pregunto cuando dejaran, tú y tu hermano, de entrometerse en mis
asuntos, –este chasqueo los dedos seguida de una ligera sonrisa –al menos ahora
odre deshacerme de uno de ustedes.
Había una nave
cerca de ellos, de la cual provenía una especie de brazo robótico que sujetaba
a Sonia; al parecer ella chocó contra aquel artefacto volador. Inmediatamente
luego del chasquido que produjo Kaz, aquella extremidad metálica levantó a
Sonia del suelo y la acercó hacia Kaz, quien convirtió su sonrisa en algo
arrogante.
-
Tu descuido será perfecto para mis experimentos, ya tengo varios planes
para ti y tus habilidades.
-
¡No la tendrás tan fácil! ¡Solo espera a que me libere! Si no lo logro
yo, lo hará mi hermano.
-
Tendré que apurar los planes entonces niñita –dijo saltando a la nave
ágilmente –ya tengo varias instalaciones preparadas para ustedes por si se
descuidaban, será divertido ver cómo te desesperas por intentar escapar de mis
nuevas cúpulas indestructibles.
Sonia fue llevada
en la parte trasera de la nave, aun la sujetaba el brazo metálico cuando un
vidrio empezó a elevarse y rodearle, encerándola en una cúpula. Hasta que no se
cerró por completo ella no fue soltada.
Estaba atrapada.
Mientras Kaz se
elevaba de a poco y emprendió vuelo, Sonia hacia lo imposible por romper la
cúpula; no le importaba lo que había dicho Kaz sobre que eran indestructibles
ahora, solo debía hacer el intento de liberarse, pero era en vano cualquier
golpe. Cayo al suelo cuando la maquina tomo velocidad repentinamente y se dio
la cabeza contra el vidrio.
Se quedó allí
sentada, frotándose la cabeza y viendo cómo se alejaba de las montañas en las
que sabía que se encontraba su hermano. Si tan solo tuviese alguna forma de
decirle lo que estaba sucediendo, más que nunca pensó en su hermano, quería
hacer notar su preocupación al menos, para que supiera que algo iba mal. Era el
único que podía ayudarla ahora, a pesar de que Kaz no era rival para ninguno de
ellos, se sentía preocupada por estar atrapada. Como si el cristal se achicara
contra ella, pareció entrar en pánico, su mente le decía que corra aun sabiendo
que no podía hacerlo. No le gustaba la sensación de estar encerrada, era como
un claustrofóbico en un espacio cerrado, pero no, solo debía concentrarse. Kaz
siempre planea cosas malas y siempre que se enteraban eran capaces de
detenerlo; esta no sería la excepción, tenía que evitar que sus planes
siguieran en pie sea como sea. Seguía pensando en su hermano, en su nombre, en
querer pedirle ayuda mientras esperaba a ver que más sucedería ahora.
Plata estaba
recostado en las rocas, sentía el viento recorrer por su cuerpo, como le movía
el pelo y lo hacía sentir libre, relajado, lleno de paz. Veía desde arriba
moverse las hojas de los arboles delicadamente. No había nada que le llamara la
atención a los alrededores, nada extraño ni nada malo, hasta que una oleada de
preocupación lo invadió… no era suya, no se sentía para nada de esa manera… ¿Sonia?
… ¿Que le estaba pasando a su hermana?
Se levantó de
golpe, instintivamente miro alrededor, buscaba una señal y la encontró. A lo
lejos pudo distinguir como los árboles se movían bruscamente, algo estaba
pasando entre ellos, intento ver que era lo que provocaba aquel alboroto,
diviso una maquina voladora, una pequeña nave que se alejaba más y más.
-
<Plata… >
-
¿Eh? ¿Sonia?.... -no pudo evitar mirar a su alrededor.
-
<Ayúdame…>
Era su voz, lo
sabía, era su hermana. Pero, sonaba en su cabeza como si hablara dentro de él,
le provocaba una sensación muy extraña…
no podía preocuparse por eso ahora. Sonia lo necesitaba y él iba a
ayudarla, tenía que ver con aquella nave. Estaba seguro de quien podría
tratarse todo esto.
Bajo velozmente
la montaña, en línea recta, como si nada se interpusiera en su camino. Luego,
salto hacia las copas de los árboles, sin perder de vista a aquel artefacto,
salto de rama en rama para poder verlo y no perderlo en el camino. Perderlo de
vista no era una opción, caerse tampoco lo era, coordinaba sus saltos y visión,
ante cada movimiento. Estaba acercándose a la nave, sentía la presencia de su
hermana de alguna extraña manera. Aquella conexión se cortó de golpe algo se
interpuso en su camino, alguien estaba sentado en la rama de alguno de los
árboles, Plata no se dio cuenta hasta que lo piso y cayeron ambos al suelo.
Plata miro
atentamente aquella persona, era un chico, él lo conocía hace ya tiempo, su
pelo negro tapaba sus ojos mientras estaba tumbado en el suelo, aquello ojos
que daba lugar a su nombre.
-
¡Red! ¿estás bien? –dijo Plata ayudando a levantarlo.
-
Claro, no fue nada –decía acomodándose –oye, deberías ir con cuidado, vi
a Kaz merodeando por la zona. Lo estaba siguiendo, pero lo perdí de vista.
-
Con que Kaz… -sus sospechas eran obviamente ciertas pero ahora ya lo
tenía comprobado, miro al cielo en busca de la maquina voladora –Sonia
desapareció y creo que fue él el culpable. Tengo que seguirlo, va en una…
especie de nave.
-
Te acompaño, amigo. ¡Una ayudita nunca viene mal!
-
Está bien, Red. ¡Intenta seguirme el paso!
Ambos salieron a
correr, tan rápido como a Red se le permitía, esta no era su especialidad. Iba
cargando un bate que parecía ser de metal muy pesado, perseguían a Kaz e
intentaban no perderle de vista. Los experimentos y el, eran una combinación
que se mostraba muy seguido y no siempre terminaban bien. Ellos no sabían que
era lo que hacía exactamente en sus experimentos, pero sabían que no era bueno;
cada vez que secuestraba gente, era para usarlos como ratas de laboratorio en
ellos.
Se acercaban al
mar, a lo lejos podían ver un risco, en la cima de tal, grandes instalaciones
se elevaban. Ya sabían dónde tenían que ir, observaron a lo lejos como Kaz
desaparecía de su vista mientras se adentraba en el enorme edificio. Rodearon
el risco, escondiéndose entre los árboles, debían infiltrarse en el sin llamar
la atención. No podían entrar de frente,
las cámaras vigilaban todos los alrededores y rodeando el lugar, se veían
montones de robots; parecían estar desactivados, totalmente inmóviles, a la
espera de alguna señal. Debían pensarlo bien, rodear el lugar, evitar cámaras y
robots.
Plata estaba muy
preocupado por su hermana, no dejaba de pensar en ella mientras miraban los
alrededores, en su mente solo podía pensar: “Estoy cerca, Sonia. Estoy cerca”
Mientras tanto a
Sonia la habían encerrado en otra cúpula, había tres de ellas, la del medio
estaba vacía, mientras que en la del otro costado se encontraba un gran pájaro
blanco. Era tan grande como ella, agitaba las alas desesperadamente y rallaba
el vidrio con sus enormes garras, como si eso fuese a liberarlo de aquella
prisión de cristal. La habitación era enorme, parecía estar hecha puramente de
metal. Las cúpulas se conectaban entre si y a su vez, por grandes tubos y
cables, a grandes máquinas y paneles de control se hallaban ocupando gran parte
de la habitación.
-
¡Suéltanos Kaz! –grito Sonia golpeando el vidrio- ¡o tendrás otra base destruida en
cuestión de momentos!
-
No creo que estés en posición de debatir tales cosas, Sonia. Están bajo
mi poder, malditos anormales… –dijo Kaz fríamente mientras operaba las maquinas
–joder, ese pajarraco está empezando a irritarme. ¡QUEDATE QUIETO INMUNDO
ANIMAL!
Acto seguido
luego de aquel grito, giro uno de los botones de sus máquinas. Inmediatamente
descargas eléctricas se dispersaron dentro de las cúpulas obligando al pájaro a
calmarse repentinamente. Cayó al suelo, incapaz de seguir chillando; Sonia se
apoyó en el vidrio, intentando soportar la corriente eléctrica. Segundos
después se dejó caer al suelo, sentándose, observó más detenidamente los
alrededores.
Kaz seguía
tocando botones rápidamente, números y letras aparecían en las pantallas.
Anormales, pensó Sonia, todo lo que hacía el si era anormal.
Una gran maquina
se encontraba entre las cúpulas y los controles, lo que destacaba de esta era
que una gran esfera de energía estaba conectada a esta, un vidrio rodeaba todo ese potencial,
manteniéndolo controlado.
Cerró los ojos.
Las luces molestaban su vista, debía
concentrarse en mejores cosas… ¿Qué era aquella sensación que tenía?... sentía
de alguna extraña manera que su hermano estaba cerca de ella… sabía que el
vendría si lo supiera, de seguro sintió su preocupación. ¿Pero cómo la
encontraría? ¿Quién dice que aún no se encuentra en la colina, seguramente
recostado y relajándose? Aunque algo dentro de ella, le decía que su hermano
estaba cerca, que la estaba buscando y confiaba plenamente en ese
presentimiento.
-
<Estoy cerca, Sonia. Estoy cerca...>
Era la voz de su
hermano, estaba segura de tal cosa. Pero, eso era imposible. Las palabras
sonaban en su cabeza, estaban ahí presentes, no provenían de ningún sitio en específico,
solo aparecían brevemente en su mente. Proceso cuidadosamente toda esa
información, no podía ser imposible, porque estaba sucediendo. Apretó los ojos
y pensó en el nombre de hermano, preguntaba por él, lo llamaba...
-
< ¿Plata?...>
-
< ¡Sonia!>
Dudaron por un
momento, mientras el mismo pensamiento recorría sus mentes.
-
< ¡Telepatía!>
-
<Había escuchado de la telepatía entre gemelos... -pensó y comunico
Sonia -pero esto es demasiado>
-
<Es imposible...>
-
<Creo que para nosotros, ya nada es imposible>
-
<Je ¡esto es genial! Bien hermana... prepárate para salir de ahí,
¡que estoy muy cerca!
Sonia sonrió, ya
no había nada más que decir.
Plata y Red habían
buscado el lugar perfecto para entrar, intentaron armar un plan, pero claro,
las cosas saldrían de la manera que deberían salir en el momento que se llevase
a cabo. Fueron corriendo hacia la posición adecuada, cuando vieron a alguien escondiéndose
entre los árboles. Era una chica con el pelo azul oscuro, llevaba poco pelo
atado a una colita de costado mientras que la mayor parte de su pelo cubría la
mitad de su espalda, tenía ropa de un rosa oscuro; remera y una pollerita.
Estaba atenta a la base de Kaz, se asustó al escuchar que alguien se acercaba a
sus espaldas, se dio la vuelta rápidamente mientras que sacaba una pequeña
arma.
-
¡Lea! ¡Somos nosotros, tranquila! -grito Red con las manos en frente,
como si eso fuese a detener lo que ella podría llegar a disparar.
-
¡Chicos! ... ¡qué suerte que están aquí!... esperen, ¿qué hacen aquí?
¿paso algo?
-
Se llevó a Sonia, vamos a sacarla de ahí. ¿Y tú? -pregunto Plata.
-
Investigaba sobre la gema que me trajeron ustedes, como ya saben, tiene
propiedades extrañas y reacciona de diferentes maneras antes diversas
cuestione. No sé lo que sucedió exactamente, pero cuando me di cuenta, Kaz irrumpió
en el... "laboratorio" acompañado de algunos robots... se llevó la
gema, junto con los datos que recolecte. Tengo que recuperar esos datos ¡Y la
gema! ¡si secuestro a Sonia puede estar en grave peligro!
-
Jajajaja... -Plata no pudo evitar reírse- pensar que hace tiempo te
salvamos de ser secuestrada por él y ahora planeas hacerle frente sola.
-
Bueno. En realidad... -empezó a decir ella sacándose un comunicador de
la oreja- estaba a punto de comunicarme con Red para que me ayudase.
-
Bien -dijo Red con una gran sonrisa- ¡Hay que ponerse en marcha! Sea lo
que sea que Kaz esté planeando, hay que detenerle de inmediato.
Los tres juntos
se pusieron en marcha, no sabían que les esperaría ahí dentro, pero debían
enfrentarlo cueste lo que cueste.
Sonia se había
dispuesto a esperar luego de aquella... conversación, con su hermano. No sabía cómo
llamarlo, era, definitivamente, telepatía. No tenía ni idea de cómo ocurrió,
desde cuándo o en qué momento eran capaz de hacerlo. Solo sabía que se
concentraba en que cada palabra llegase a su hermano y ocurría. Una voz sonó
desde las máquinas, distrayéndola de sus pensamientos.
2 MINUTOS PARA LA
EJECUCIÓN
Ella se levantó
de golpe, mirando a Kaz fijamente.
-
¡¿Qué es lo que planeas esta vez, Kaz?! -grito Sonia, empezando a perder
la paciencia.
-
Planear... ja, pronto eso no te interesara. Debo admitir que no estaba
en mis planes toparme con alguien como tú. Encontrarte a ti mejor dicho. Has
sido tan descuidada niña tonta, esta vez mis planes no fallaran... ¡Todos los
estorbos como tu serán utilizados a mi favor muy pronto!
-
No te desharás de mí tan fácilmente.
-
Bien, ya casi está listo... -hablo para sí mismo.
Luego saco una
gema de sus bolsillos, tenía una forma extraña y era de color rojo, parecía que
algo brillaba dentro de ella. Sonia se sorprendió al verla, era la misma que su
hermano y ella habían encontrado.
Él se dirigió a la máquina del centro, la que sostenía aquella esfera de energía, abrió un pequeño compartimiento y coloco la gema. Un conteo del 10 al 0 empezaba mientras volvía a los paneles lentamente con una sonrisa bastante desalentadora para Sonia. Ella golpeo el vidrio, de todas la maneras posibles, sabía que era algo estúpido, pero necesitaba hacer algo, necesitaba moverse, no podía quedarse quieta ante estos sucesos. El pájaro blanco empezaba a desesperarse nuevamente, chillaba y arañaba el vidrio provocando ruidos aún más espantosos; al parecer comprendía que todos esos sonidos eran señales de algo malo.
Él se dirigió a la máquina del centro, la que sostenía aquella esfera de energía, abrió un pequeño compartimiento y coloco la gema. Un conteo del 10 al 0 empezaba mientras volvía a los paneles lentamente con una sonrisa bastante desalentadora para Sonia. Ella golpeo el vidrio, de todas la maneras posibles, sabía que era algo estúpido, pero necesitaba hacer algo, necesitaba moverse, no podía quedarse quieta ante estos sucesos. El pájaro blanco empezaba a desesperarse nuevamente, chillaba y arañaba el vidrio provocando ruidos aún más espantosos; al parecer comprendía que todos esos sonidos eran señales de algo malo.
Kaz esperaba
pacientemente ante el panel, disfrutaba de aquel espectáculo.
Cuando la cuenta
llego a cero, apretó un botón. Inmediatamente, la esfera de energía se volvió
completamente roja, se veía una especie de polvo del mismo color, que fue colándose
por los ductos que conectaban a las cúpulas, lentamente llegaba a ellos y de a
poco lleno las tres cúpulas.
Sonia intentó
alejarse de aquella sustancia en vano, su cúpula ya estaba llena de esta, hiso
un esfuerzo por no respirarlo siquiera, se tapó la nariz y la boca con las
manos. Un golpe en seco se escuchó, giro su cabeza al costado solo para ver que
el ave cayó al suelo y como se retorcía de dolor. Pronto sintió una punzada en
la cabeza, tan fuerte que la obligó a apretarse la cien, empezó a sentirse
mareada de a poco y también cayo, de rodillas al suelo sin poder mantenerse
parada. Se agarraba tan fuerte la cabeza, clavando los dedos, queriendo
quitarse el dolor con ese simple acto. El dolor se volvió insoportable, su visión
estaba borrosa, pero veía algo, algo que no estaba ocurriendo... imágenes
repentinas aparecían en su cabeza, gente corriendo, máquinas y otras personas persiguiéndolos,
pánico junto a un orden sombrío a favor de los persecutores.
-
En un parpadeo... -susurro Kaz para sí mismo, de forma arrogante y
bastante seria -serán todos míos...
¡PLUUMM!
Un repentino
derrumbe sacudió la habitación, una de las paredes estalló, dejando un enorme
hueco. Pero esto no fue lo peor, uno de los escombros salió volando, hasta la máquina
del centro. Se abollo por completo quedando obsoleta.
El vidrio exploto
en miles de pedazos.
La energía empezó
a revelarse sin control, el cortocircuito de las maquinas empeoro las cosas.
Entre el humo y
los escombros, desde el hueco que se generó, Lea sujetaba a Plata, quien se
agarraba la cabeza y luchaba por mantenerse en pie. Red se encontraba al lado,
con un bate de metal en mano
-
¡Idiotas! –grito Kaz, alejándose de los paneles que empezaron a fallar
-¡Miren lo que hicieron!
Entre tanto, en
las cúpulas, el polvo parecía espesarse, no podía verse nada dentro de ellas más
que el rojo con unas sombras distorsionadas.
¡BOOM!
Una explosión al
costado de la maquina principal. Acto seguido los ductos que conectaban todo a
todo se llenó de señales eléctricas también, chispas de energía los recorrieron
llegando también hasta las cúpulas. Se escucharon dos horribles chillidos de
dolor, provenientes de Sonia y el pájaro. El resto pasaron a ser espectadores,
sorprendidos ante aquellos sucesos.
El silencio
domino aquel momento, perplejos observaron cómo se disipaba el polvo de las
cúpulas laterales, estaban bacías. En el centro el polvo seguía, algo se movía
dentro de la prisión de cristal. Aquella sustancia desaparecía lentamente, se
pudo distinguir a Sonia de rodillas en el suelo, agarrándose la cabeza en señal
de sufrimiento, pero había algo más detrás de ella; para cuando se disipo todo
al fin, dos enormes alas blancas la acompañaban por detrás, pero esta vez no le
pertenecían a él.
Si no a ella.
El pájaro había
desaparecido, solo sus alas quedaban, parte de la remera en su espalda estaba
rota lo que les permitían salir.
-
¡Kaz! ¿Q-que diablos le has hecho a mi hermana? –acusó Plata con la voz
quebrada ante aquella inesperada sorpresa.
El cuerpo de
Plata tembló involuntariamente, se sentía extraño, ya podía estar de pie
tranquilamente, aunque la cabeza parecía estallarle. No lograba entender nada
de lo que sucedía, ni a él, ni a lo que le acababa de ocurrir a su hermana. A
penas escucho a Kaz quejarse “Ustedes provocaron esto”; su visión se volvió
algo borrosa repentinamente mientras lograba distinguir como la cúpula se abría
y Sonia se dejaba caer al suelo. Cerró los ojos por un momento, intentado que
se le pasara.
Lea y Red se
acercaron corriendo a Sonia, quien mantenía los ojos entrecerrados, apoyada en
el suelo, su rostro mostro dolor mientras buscaba la manera de levantarse.
-
¿Estás bien? –pregunto Lea, ayudándola.
-
S-si… -contesto ella, recuperando de apoco las fuerzas, respiro por un
segundo y levanto la mirada, pudo ver que Kaz tomaba la gema de la máquina,
para luego intentar huir del lugar -… maldita seas Kaz… no dejen que se escape.
–logro decir en un susurro mientras lo señalaba.
Red, dejo caer su
bate y fue el primero en correr hacia Kaz, quien desapareció metiéndose a un
pasillo.
Plata recupero
algo de su vista, no se había logrado mover ni un centímetro, sacudió la cabeza
y por un segundo analizo la situación. Vio que su hermana no estaba en peligro
y decidió ir tras de los demás; recuperar la gema, junto con alguna esperanza
de que devolviera a su hermana a la normalidad. Desapareció de la vista en un
segundo, dejando a Sonia y Lea en medio de un derrumbe que tarde o temprano
ocurriría, el edificio se vio afectado por una cadena de explosiones tras la
primera generada en el núcleo, el centro de todos estos acontecimientos.
Sonia se tomó mínima
distancia de Lea para que tuviese en cuenta de que ya podía mantenerse en pie, levanto
la vista hacia donde todos corrieron. Miro a su compañera y buen amiga, un
simple gesto hacia las maquinas le indico que debía hacer lo que mejor sabía
hacer antes de que todo se colapsara.
-
Sonia, estas segura de... – empezó a decir Lea, pero para cuando se dio
cuenta Sonia ya había ido tras los demás.
Lea era
inteligente, pero más allá de lo que cualquiera podría creer, aunque no
abandona su niñez tal como es, su cerebro está preparado para analizar todo lo
que la informática y robótica pudiese brindarle, con una sola hojeada a miles
de libros fue acumulando toda esa información en su cerebro. Esas fueron sus
especialidades, pero bien tiene la capacidad de saber y aprender todo lo que se
proponga en tan solo un pequeño lapso de tiempo. ¿Raro? No, esta capacidad era
su habilidad especial y desde niña ya las dominaba; Con el paso del tiempo,
aunque hayan sido solo unos pocos años, fue fortaleciendo sus conocimientos. Su
trabajo ahora, era recuperar toda la información robada y/o valiosa que pudiera
descubrir.
Kaz gano cierta
ventaja ante Red, su agilidad y destreza le deban una velocidad razonablemente
rápida ante una persecución, el lugar se colapsaba ante pequeñas o grandes
explosiones que dejaban escombros en el camino, cosa que no fue problema para
ninguno de los dos pero en segundos las salidas empezaban a sellarse. Kaz tomo
su ventaja, más el hecho de saber en dónde se encontraba y hacia donde huir. Se
acercaban a una pequeña nave con la escotilla abierta, el salto hacia ella y ni
bien entro, esta se activó y elevó al ras del suelo. Si bien fue rápido, no lo
sería lo suficiente como para despegar sin que ya estuviesen encima de él. Red
se colgó de un alerón en el lado derecho, mientras la nave se dirigía a un gran
ventanal que daba hacia la orilla del mar. Plata apareció de pronto, había
tenido problemas para llegar ahí en línea recta a consecuencia de los
derrumbes; hizo lo mismo que su amigo y se colgó del otro lado de la nave.
Sonia llego unos
segundos antes de que la nave chocase contra el cristal, logro saltar y
agarrarse de la parte trasera, era quien estaba más cerca de la cabina en ese
momento. Los tres buscaron cubrirse de alguna manera ante los trozos del
cristal destrozado y de un momento a otro, quedaron a unos cuantos metros solo
el suelo, este paso a ser agua en segundos; Kaz tomo rumbo hacia el mar.
Lea estaba en los
paneles de controles y opero en ellas por unos instantes, descifro contraseñas
y decodifico códigos, borro toda información y copio todo lo que le sirviese.
Le toco esperar por un momento y desvió la mirada hacia el bate que red dejo
tirado en el suelo; Solo se le paso por la cabeza lo complicado que sería
sacarlo de allí, ya que era muy pesado para ella. Volvió a centrar la vista en
las maquinas, las explosiones empezaban a preocuparla, buscaba salir rápido de
allí, busco planos para poder facilitarse la salida. Memorizo pasillos y
entradas… hasta que algo le llamo la atención en los planos, decidió revisarlo
y ver informaciones que contenía aquel sector.
“Experimentos en
habilidades/celdas”.
Su rostro cambio
entre una mezcla de seriedad y sorpresa absoluta, no dejaba de leer los
informes de aquel lugar…
-
Diablos… como no lo pensé… – se limitó a decir.
Tomo sus cosas
rápidamente y salió a correr como nunca. Se llevaba el bate a rastras complicándole
recorrer el lugar con más rapidez.
En cuanto a los
demás, Kaz sobrevolaba el mar a gran velocidad y al menos a más de 10 metros.
Vio a red mantenerse y subiendo de a poco, acercándose a la cabina. Giro
bruscamente hacia la derecha, provocando que red resbalase, si bien no cayó al
agua, quedo al borde del alerón agarrándose apenas de una mano nada más. Esto
provoco que plata pudiera impulsarse y acercarse mucho más a la cabina; una de
sus manos se apoyó en el cristal que esta tenia. Kaz estaba resguardado tras
este, se limitó a sonreír en señal de burla, pues no podrían hacer nada para atraparlo.
Su siguiente movimiento fue voltear la nave hacia la izquierda, donde Red
aprovecho el aferrarse donde pudo y subirse mejor, agarrándose firmemente a la
cabina. Pero Plata resbalo, intento agarrarse, pero le fue muy tarde, choco
contra el ala y luego cayó al mar.
-
¡Plata! –grito Sonia, viendo como el agua salpicaba.
Él no sabía
nadar, no se podría mantener en flote; Cuando era pequeño descubrió que tenía
una fobia descomunal al océano y desde entonces no se acerca a las
profundidades, por más mínimas que sean. Ella tenía que hacer algo al respecto
por su hermano, tenía que ayudarlo… se limitó a mirar a Red. Este asintió con
la cabeza, sabiendo bien que era lo que tenía que hacer.
-
Yo me encarga –dijo el mientras veía a Sonia soltarse y cae de picada en
el agua.
Sonia sintió como
el agua la envolvió fríamente tras un duro golpe. Intento nadar en el agua,
descender para encontrar a tientas a su hermano, pero hiciese lo que hiciese
parecía como si no avanzara más a su cometido. Podía sentir en sus alas, como
algo tiraba de ellas hacia arriba, estaban totalmente desplegadas… Pensó en
juntarlas a su cuerpo, en liberar el aire que quedo seguramente atrapado y la
empujaba hacia arriba; mientras seguía con el esfuerzo de nadar contra ello.
Casi al instante pudo sentir como sus alas se pegaban a sus costados; desde ahí
noto un poco más la diferencia, estaba avanzando a su meta. Pero, seguía a
oscuras, no podía ver nada, y empezó a sentir un vacío profundo en el pecho;
ese vacío pronto se volvió dolor, no venía de ella misma, si no de su hermano.
Necesitaba sacarlo
pronto.
Entreabrió los
ojos, a pesar del dolor que sabía, se avecinaría. Logro distinguir a su hermano
cerca de ella, el ardor es sus ojos fue inmediatamente insoportable; los cerro
fuertemente y lucho por llegar a él.
-
<Resiste Plata… >
La cabeza de
Sonia daba vueltas, podía sentir una enorme presión tanto en ella como en su
pecho, como si en cualquier momento fuera a explotar. La falta de aire que provenía
de su hermano y lo más importante, su pérdida de conocimiento; solo provocaba
retrasos en el momento de salvarlo, dolor y molestias se combinaban,
confabulando en su contra.
Pronto llego a
alcanzarlo, lo tomo en sus brazos, tan fuerte como pudo, de tal manera que parecía
que jamás lo volvería a soltar. Pataleo tanto como pudo para volver a la
superficie, de alguna manera sentía que las alas le pesaban, como si el plumaje
de sus alas estuviesen retenido tanto líquido que solo provocaban peso muerto.
Aun le ardían los ojos, el dolor le parecia infernal de soportar y por tanto
que nadase, sentía que no llegaría a flote jamás.
Fue entonces
cuando comenzó a sentir cuánta agua había tragado Plata, cada segundo que
pasaba sin aire y como sus pulmones colapsaban en la búsqueda del aire. Se sintió
tan mareada y perdida en ese momento, que dejo de avanzar; una vez más, a pesar
del dolor, abrió los ojos y poso su mirada hacia la superficie. Parecían estar
tan cerca… demasiado cerca… pero no creía lograrlo, intento seguir solo con el
deseo de salvar a su hermano, mientras sus pulmones pedían a gritos, rogando
por un poco de oxígeno. Su visión se tornaba el doble de borrosa y más se
distorsionaban sus pensamientos.
No lo lograría
Pensó sin pensar,
sin entender que era lo que recorría su mente en aquel momento… No podía morir
así, ahogada en medio de la nada. La fobia de su hermano ¿Los llevaría al final
de ambos?... bajo la mirada instintivamente. ¿El fondo del mar siempre había
sido tan oscuro?... Llego a sentir que algo en toda esa oscuridad esperaba a
que llegase su final, para que se sumieran a ella y no volviesen a ver la luz.
De repente el
agua a su alrededor se revolvió bruscamente, alguien se acercaba desde la
superficie. Sus ojos se iluminaron dándole las fuerzas para su último esfuerzo;
quien quiera que fuese, la agarro de la mano y la impulsó hacia arriba.
Al llegar al fin
a la superficie, tomaron tanto aire como fuese posible, Sonia lleno sus dolidos
pulmones entre el medio de las bajas olas. Luchaba por mantenerse a flote junto
con sostener a su hermano y recién entonces fue cuando pudo ver a su salvador.
Red…
Observaron la
orilla a lo lejos, parecía tan distante a pesar del corto tiempo de vuelo que
tuvieron, de a poco entre los dos fueron llevando a Plata por el agua.
Mientras esto sucedía,
Lea se había infiltrado en los adentros de la base de Kaz, donde busco y busco
una habitación en especial. Se había memorizado el camino más corto y la manera
más fácil de llegar a él cuándo veía las maquinas; no tardo tanto en encontrar
aquel lugar, pero se le complicaba en ciertos sectores donde el suelo cedió y
el derrumbe le cortaba el paso. Entro lentamente en el lugar mientras vigilo
atentamente a los alrededores; Observo muchas maquinas extrañas y complejas, de
las cuales muchas de ellas terminaron bajo escombros, un solo panel de control
aun en funcionamiento… y en todos los laterales de este espacio, una gran
cantidad de celdas que consistían en rejas de descargas eléctricas, de lejos se
veía como la energía se desplazaba por aquella prisión; entre la pared y la
reja había muy poco espacio para cada celda, un solo toque te enseñaría a
mantenerte quieto. La mayoría parecía estar vacías o sin aquellas descargas que
impedían el paso, el resto de ellas estaba ocupadas por niños o apenas
adolecentes que parecían estar desnutridos y apenas con vida.
Los pedidos de
ayuda al ver a Lea comenzaron casi al instante de entrar en la habitación, se
escuchaba a los más pequeños llorar, pidiendo que los dejaran en libertad, los
mas grande rogaban por tal cosa también, deseando que no sea una más a la
colección o un simple truco del doctor Kaz.
Ella intento
actuar rápido, ante las aclamaciones, pero no podía pensar bien en ese momento,
toda ese entorno tan desastroso la había shockeado bastante, pero tenía en
mente el sacarlos de ahí y debía hacerlo rápido. Corría hacia el panel de
control, una vez más movía sus dedos rápidamente insertando claves una y otra
vez, rompiendo la seguridad del sistema; esta vez le tardo más, estaban bien
protegidas.
Todas las celdas
se empezaban a abrir una por una, los prisioneros ahora libres empezaban a
correr en todas direcciones buscando la salida. Lea se tuvo que enfocar en
darles órdenes mientras terminaba de abrirles el paso.
-
¡NO SE VAYAN! ¡Yo los guiare a la salida! ¡Ayuden a los más heridos o
más pequeños por favor! ¡SI SALEN AHORA SE PERDERAN EN LA BASE Y CAERAN CON
ELLA!
No todos hicieron
caso, algunos desesperados salieron por la puerta que ella había entrado, otros
dudaron por unos instantes, pero se quedaron ahí a ayudar a los demás. Se
podían escuchar las explosiones de fondo juntos con las miserables voces de los
jóvenes queriendo salir a toda costa de aquel lugar que tanto los había
torturado, el pánico dominaba aquella situación más que cualquier otra cosa.
Una de las celdas
era diferente, fue la última en abrirse al fin, estaba fuertemente protegida,
por alguna razón, el individuo estaba encadenado, todo su cuerpo estaba oculto
bajo el metal, a excepción de su cabeza; apresado más que los otros, con la
cabeza baja, inconsciente de lo que ocurría alrededor y frente a él un pequeño
niño lloraba llamando por su hermano. La celda se abrió y el niño entro,
tirando de las cadenas como si ese fuese a liberarlo; Lea aun introducía
códigos para abrir esos grilletes ¿Por qué estaba tan protegido este? ¿Qué
tenía de especial? Cuando las cerraduras se abrieron, el sonido de la libertad
se oyó en por sobre todas las cosas; Una fuerte descarga eléctrica se liberó
junto con el prisionero, quien cayó de rodillas al suelo sin siquiera pelear
por mantenerse en pie. Aquella energía hizo que el niño callera de espaldas al
suelo, bien no fue lo único que causo, todas las computadoras, y la mayoría de
las luces se apagaron en aquel momento; como si aquel pequeño fuera fuente de energía
en aquel espacio.
Ella ya no tenía
nada más que hacer en aquel lugar, más que el sacarlos a todos de allí, se
dispuso a ayudar al joven que causo el apagón, mientras arrastraba el bate aun
y con un grito de orden, guio a todos hacia la salida; apurándose pero teniendo
cuidado de no lastimar al debilitado chico más de lo que ya estaba. Empezó a
trazar caminos en su cabeza, evitar los lugares que ya había esquivado por los
derrumbes, busco la mejor ruta a la que dirigirse para llegar pronto a la
salida; no tardaron mucho en encontrarla, aunque el camino les pareciese largo
a todos por cargar con otros o por estar sumamente cansados.
La luz del sol
los rodeo por completo cuando salieron por fin de la base, el aire puro
mezclado con el humo proveniente de la base colapsándose a sus espaldas, todos
se dispersaron y alejaron del lugar; unos y otros parecían estar tan
conmocionados que no sabían dónde correr. Frente a ellos el bosque se alzaba,
sabían que se perderían en aquel lugar si entrasen, muchos miraban a Lea
buscando una señal que les ayudase. Ella se limitó a decir que la esperasen y
les ayudaría a volver a sus hogares; dejo el bate junto al pequeño grupo,
estaba segura que ninguno de allí podría levantarlo, acto seguido corrió a la
orilla del mar, donde supuestamente habían partido rumbo los chicos. Los vio
nadando con dificultad, peleando por llegar a tocar tierra, no estaban tan
lejos pero aún les faltaba un buen tramo.
Se le unió en la
ayuda de traer a Plata y mantener en pie a Sonia. Se le facilito mucho el nadar
rápidamente hasta ellos, pero el cargar con alguien sí que era un esfuerzo
terrible para que no se ahogaran entre ellos. Poco a poco se acercaban más y
más, la calma del mar al menos les permitía un poco de tranquilidad para no
ahogarse en el intento de tomar una bocanada de aire. Llego el momento en el
que tocaron el fondo con sus pies, el suelo parecía ceder ante los pasos de
Sonia. Avanzo cuanto pudo entre tropezones, mientras Red se dispuso a cargar en
brazos a Plata.
Fue cuando ella
ya no pudo soportar más el mareo y el esfuerzo, sus piernas dejaron de
responder, cayendo al suelo quedo inconsciente.
Oscuridad.
Los dos hermanos
juntos abrieron los ojos, solo para ver que estaban rodeados por una
interminable oscuridad, miraron a su alrededor solo para encontrarse con la
nada, entre ellos podían verse el uno al otro como si brillasen en aquel sitio,
tan claro como cuando se está bajo el radiante sol, distinguieron que sus pies
flotaban en el vacío como si estuviesen flotando en un sueño sin conclusión. Se
miraron a los ojos, completamente perplejos ante este momento.
-
¿Pero qué…? ¿Dónde estamos?... ¿Qué es este lugar? –pregunto Sonia sin
dejar de ver alrededor una y otra vez a pesar de que la misma imagen se
mantenía.
-
No lo sé –respondió secamente.
No se movieron ni
un milímetro más que para girar la cabeza, temían que de alguna manera, un paso
en falso los llevara a caer infinitamente en aquel vacío.
A lo lejos vieron
la primera señal de que había algo más que ellos en aquel lugar, una pequeña
bola de luz apareció en escena, tenía un color alilado y se acercaba
lentamente, hasta quedar frente a ellos.
Fue en ese
momento, cuando la voz de una mujer se escuchó, apagada y casi en un susurro.
-
Hola mis niños, me alegra tanto verlos –se lograba distinguir un poco de
emoción y esperanza en su tono a pesar del murmullo que emitía.
Ellos no dijeron
nada al respecto, no lograron pensar en que decir, casi inmediatamente la luz
brillo con fuerza, haciéndose más grande; extrañamente fue formando la silueta
de una mujer mientras crecía. Una vez que tomo la forma perfecta, la luz
comenzó a apagarse dejando a cambio a esta persona de cabellera un tanto
alilada y de ojos morados… tan extraña parecía pero al igual que ellos
permaneció flotando y dejándose ver como si la oscuridad no fuese un impedimento
a la visión. Su expresión mostraba tristeza y un inmenso vacío; pero sus ojos
brillaban con emoción mientras los veía de arriba a abajo.
Los chicos aun
conservaban el asombro, la miraran extrañados, de alguna manera, se les hacía
familiar aquella mujer.
-
Mis niños… -dijo la mujer agachando apenas la cabeza.
-
Te me haces familiar –soltó Sonia mirándola atentamente.
-
¿Quién eres? –pregunto Plata.
-
Yo, soy Lizar. Esto puede parecerles un sueño, pero quiero que tengan en
cuenta que no lo es… cuando ambos se desmayaron, traje sus almas para poder
hablar con ustedes. Esta mañana… les di una pequeña señal de lo que les
esperara…
-
¿Señal? ¿una señal de que?... –pregunto Sonia un tanto impaciente.
-
Esta mañana soñaron conmigo niños…. Vieron en sus pesadillas algo que
pronto tendrán que enfrentar. Sé que tal vez no lo recuerden muy bien
pero…hagan el esfuerzo.
-
En ese sueño, morías… –dijo lleno de dudas Plata.
-
Así es, eso es lo que sucedió el día en que, aquel a quien ahora llaman
padre, los salvo.
-
Acaso… ¿tú eres nuestra verdadera madre? –pregunto Sonia con los ojos
iluminados.
-
Jejeje… -una pequeña sonrisa escapo de sus labios, pero rápidamente
volvió a cambiar a aquella expresión de vacía- no mis niños… yo era, y soy, su
guardiana. Los protegía… junto a un compañero que pereció ante las garras de un
poderoso demonio… del cual los ocultábamos. Era nuestro deber mantenerlos a
salvo de él.
-
¿Cómo es que estamos aquí? O más bien, ¿Cómo es que tu estas aquí? Si se
supone estas… muerta –pregunto Plata con un leve tono de frialdad, a lo que
Sonia acuso con la mirada.
-
Hay poderes que van más allá de una habilidad especial… fuera de toda
comprensión. Yo seguiré estando para ustedes un muy largo tiempo. Se encuentran
en algo parecido al limbo, una pequeña brecha entre la vida y la muerte.
-
Entonces, ¿dices que hay un demonio tras nosotros? –Pregunto Sonia
queriendo encontrar más respuestas a lo que sucedía.
-
Así es querida… Él es llamado Raizer. Déjenme les cuente sobre él, antes
de decirles el por qué. Raizer, milenios atrás, pertenecía a un grupo especial
de demonios de las sombras, estos son capaces de controlar las sombras a su
favor y de alguna manipular la oscuridad de las personas; con esto me refiero
la maldad que hay dentro de cada uno, esos pequeños pecados que pueden ser
manipulados con la promesa de poder o completamente en contra de su voluntad
ser obligados a hacer lo que se quiera de ellos. Siempre fueron seres muy
pacíficos y no utilizaban sus poderes a menos que sea extremadamente necesario
o se vieran en peligro. Hasta que Raizer se levantó entre ellos, con sus
capacidades inigualables y poderes superiores a todos los demás de formas casi
inexplicables. –Tomo un segundo para dar un suspiro mientras con una mueca en
su cara demostraba como iba recordando cada cosa, o bien las pensaba al momento
de decirlas, sus ojos mostraban un enorme vacío en su interior aún más grande
que antes, mientras que los dos chicos escuchaban atentamente sus palabras– Quienes
se unieran a él no tendrían que pasar bajo el sufrimiento de obedecerle
involuntariamente… de a poco se fue haciendo bajo el control de toda esta pobre
raza. Cuando al fin se hizo con todos y cada uno, no paro ahí; fue por más,
creando así una gran leyenda de este demonio de ojos rojos… Se le hizo frente
incontables veces, todos terminaban muertos o controlados…
-
Has dicho que milenios atrás… ¿Significa que es inmortal? ¿Que nadie lo
ha podido detener después de tanto tiempo? Esto no explica que tenemos que ver
nosotros en todo esto –pregunto Plata.
-
Solo dos veces fue sellado… a manos del mismo espadón sagrado, cual fue
destruido en el segundo logro. Provocando que los controladores voluntarios
buscaran una solución para liberar a su líder, que el resto pudiese escapar de
a momentos y por otro lado, que esta raza de demonios sombras quedaran en
trance, ocultos en la oscuridad, donde tarde o temprano cuando el vuelva,
retomara el control de todos. Este es el estado en el que Raizer se encuentra
ahora mismo… cuando el primer sellado se produjo, durante la conmoción de lo
que podría pasar si se liberase, una profecía nació; la cual revelaba los
temores de todos, el volvería de la simple prisión que lo retenía, todo método
para retenerlo sería inútil o solo una pérdida de tiempo que retrasaría lo
inevitable. Así, con estas pocas palabras, todos lo creyeron inmortal, e incapaz
de ser destruido. No obstante, la profecía no acabo ahí mismo, si no que término
por dictar que: Solo aquellas dos personas más unidas que cualquier otra, con
sus almas en perfecta sincronía y conexión, podrían causar la extinción de tal
ser maligno… Ustedes, niños míos, son aquellos que la profecía reclama.
-
¿Cómo puedes saber que somos nosotros en verdad?...
-
Si solo somos unos “niños”… -Plata termino la oración que Sonia comenzó.
-
Es su destino, ¿acaso nunca se han preguntado el cómo podían estar tan
unidos, fuera del lazo sentimental? ¿Por qué sentían el dolor o la alegría del
otro como si fuesen uno? ¿El cómo soñaban por igual?... Mi deber, niños míos,
es protegerlos y guiarlos, hasta la caída de Raizer. Todo esto fue ideado desde
incluso antes de su nacimiento, no les puedo asegurar que todo estará bien;
pero por favor, espero que entiendan la gravedad del asunto y se preparen para
lo que vendrá… no es reconfortarle decirles que tienen luchar por el bien de
todos. Pero, deben hacerlo.
El silencio
inundo aquel lugar perdido en la nada, miradas de preocupación aparecieron en
los chicos.
-
Nuestro padre… Nos crio para luchar… Nos crio para protegernos nosotros
mismo y superarnos día a día.
-
Pero por sobre todo, nos crio para ser buenas personas, ayudar siempre
que sea necesario y pueda hacerse –esta vez Sonia termino la idea de Plata.
-
El los crio muy bien, teniendo en cuenta que era muy joven cuando los
salvo. Ah hecho lo mejor por ustedes… No hay nadie que pudiese haber sido mejor
para ustedes y su crianza. Ese joven tiene una gran alma en su interior.
-
¡Nuestro padre es el mejor! –dijo Sonia sin pensarlo.
-
Jeje… si, lo es en verdad. Bueno mis niños… mi momento aquí, ha acabado
por hoy. Solo debo hacer una cosa más antes de acabar… tal vez, no confíen del
todo en mí, no puedo culparlos si es así, ya que todo esto será y es muy nuevo
para ustedes… Les pediré nada más por hoy, que cierren los ojos por un momento…
Plata miro a
Sonia, ella confiadamente cerró los ojos, el suspiro, con una enorme duda
encima, para luego hacer lo mismo que su hermana. Lizar sonrió débilmente, no
dejaba de tener la mirada perdida, llena de tristeza; Alzo las manos a medio
cuerpo, manteniéndolas en dirección a los niños. Una extraña luz floreció desde
el pecho de cada uno y se intensifico; llego un punto en el que, desde ambas
partes, se separaron del cuerpo y formaron dos esferas de luz. Una de ellas era
de color fucsia, la otra de color azul, no tardaron mucho en conformarse como
dos partes que empezaron a girar entre ellas y entremezclarse como una;
parecían una extraña y brillante ráfaga de viento, un remolino, el azul y el
fucsia se mantenían en un equilibrio perfecto mientras transcurría aquel
espectáculo de colores.
Las esferas
volvieron a formarse, una y una, pero esta vez eran, aun, una mezcla
equilibrada de aquellas dos almas. Luego de separarse por completo, aquellas
esferas se volvieron luz cuales rodearon a cada uno, volviendo así, a su lugar
de origen hasta desaparecer.
Instantáneamente
ambos abrieron los ojos, se sentían de alguna manera, diferentes. Como si de
alguna manera las emociones que sentían cada uno resaltaban aún más que antes.
Sonia seguía muy confiada en todo esto, estaba segura de que todo estaría bien
y aunque Plata aun sentía preocupación y cierta desconfianza, se tranquilizó
sintiendo la seguridad y calma de su hermana. Ambos se dijeron para sí mismos,
como un leve susurro hacia el otro: “todo saldrá bien mientras estemos juntos”.
-
Bien mis niños… será mejor que los devuelva, sus amigos están muy
preocupados y no creo que quieran preocuparlos más. Recuerden esto chicos,
ellos, irán por ustedes en algún momento… para liberar a su amo y volverlo más
fuerte en el instante.
-
Te refieres a los… emm… ¿Controladores voluntarios?.... –Preguntó Plata.
-
Si, a ellos mismos. Tengan cuidado y prepárense para todo… Sé que, como
niños, juegan y se entretienen. Pero, tómenlo como un entrenamiento… En verdad
no me gusta decirles esto, pero tienen que prepararse, cuidarse por sobre todo
y… seguir adelante. Sé que están llenos de dudas en estos momentos, que quieren
saber más cosas, pero, todo a su momento. Yo estaré ahí para ustedes si me
necesitan. Mientras el tiempo pase, les iré aclarando todas sus dudas antes de
que ellos aparezcan. Hasta pronto… mis niños…
Lizar se volvió a
convertir en luz, esta vez era tan cegadora que les obligó a cerrar los ojos,
dejándose envolver por la luz.
Lea y Red habían
dejado a los chicos acostados boca arriba en la orilla, Lea escuchaba el
corazón de ambos junto a las respiraciones, estaba muy preocupada y sentía una
enorme presión sobre sus hombros. ¿Qué debía hacer exactamente? Tanto tiempo
leyendo y sabiendo tantas cosas ¿para entrar en pánico justo ahora? No
necesitaban RCP, aun respiraban normalmente. Eso ya era muy extraño para la
situación, pero, tampoco podía quedarse ahí sin hacer anda hasta que recobrasen
la conciencia.
Un leve gemido
salió desde la boca de ambos, seguido de tos.
Habían
despertado, no podían evitar toser por el agua, por la búsqueda de más aire. Al
abrir los ojos intentaron sentarse como si nada, Lea y Red quisieron evitarles
tanto movimiento; pero seguían insistiendo, así que los dejaron sentarse nada
más.
Ambos llevaron la
mano a sus respectivos pechos y presionaron.
-
<Eso… no fue un sueño, ¿no?... > -preguntó Plata por telepatía.
-
<No lo creo… crees que… ¿Deberíamos de contarles? >
-
<No. Al menos no por ahora. >
-
<Tienes razón… mejor que no se preocupen más. >
-
¿Están seguros de que están bien chicos?... –Preguntó Red.
-
Sí, estoy bien.
-
Igual yo, no se preocupen.
Ambos se
levantaron con un poco de esfuerzo luego de decir eso, aunque Lea les advertía
que podría de serles peligroso, ellos insistían en que se sentían bien.
-
Entonces, Red, no has podido recuperar la gema, ¿no es así? –Preguntó
Sonia.
-
No, me desistí y fui a ayudarlos.
-
Está bien, en verdad te lo agradezco, no lo hubiese logrado sin tu
ayuda. Lea, ¿Algo que rescatar de todo lo que sucedió en la base?
-
Si. Aún tenemos mucho por hacer antes de irnos. Sera mejor que vallamos
para allá lo más pronto posible. Sin contar toda la información que pude reunir
y tal vez les interese escuchar.
-
Bien, cuéntanos en el camino todo lo que sepas, a por ello chicos –dijo
Sonia con una gran sonrisa.
Así los cuatro
caminaron por la orilla del mar, se alejaron rumbo a la base, de la cual se
podía distinguir el humo y las llamas elevarse hacia el atardecer.
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