miércoles, 4 de marzo de 2015

Capitulo 1: Unidos hasta el fin (Terminado por ahora 11/07)

Esta historia empieza con dos hermanos muy unidos, se remonta en los sueños de un recuerdo lejano, donde la pesadilla se reflejaba en sus rostros y cuando esta termina, el principio del fin comienza.

Era en una pequeña casita donde todo comenzó, oculta en lo más profundo de un bosque, bajo la luz de la luna y un manto estrellado.
En ella con tres años de edad, se los veía jugar con su pequeño muñeco, ambos lo querían tener en sus brazos; ella abrazaba las piernas de este peluche mientras que él lo sujetaba de los brazos. El color de pelo que tenían, era bastante llamativo, azul, un azul fuerte y brillante. Los dos pares de ojos verdes empezaban a humedecerse ante la frustración de no tener lo que querían, solían ser inseparables, pero esas peleas sin sentido que le dan sentido a la niñez nunca faltaban. Terminaron lloriqueando, llamando la atención de ella. Una mujer, tenía el pelo de un celeste alilado, con mechones morados como sus ojos,  se acercó y arrodilló frente a ellos. Intento calmarlos, agarrando el juguete y diciendo que no pelearan, mientras con este empezaba a imitar vocecitas, que los divertían, los distraía del llanto y mientras guardaban silencio solo para romperlo con unas risitas inocentes ante aquel acto de cariño.
Fue cuando, sin aviso alguno, se quedó callada, intentaba escuchar algo levantando sus orejas en señal de atención, ruidos venían de afuera, se levantó repentinamente soltando el muñeco, no era nada bueno lo que se cercaba.
¡¡¡BLUMM!!!
Un estruendo se escuchó, la pared de la entrada se derrumbó en un instante, la electricidad empezó a fallar, las luces titilaban. La mujer se preparó para lo que viniera, el humo que provocaron los escombros no dejaba ver lo que se acercaba.
La luz volvió a la normalidad, pero la oscuridad envolvía el lugar, las sombras se levantaron frente a ellos, mientras que una macabra risa invadía el lugar. En el medio, la sombra más grande se levanta, formando una silueta oscura, una representación que eligió el demonio para manifestarse en aquel plano. Sus ojos rojos resaltaban entre tanta oscuridad. Sonreía de manera maniática al igual que los que aparecieron luego.
Seres oscuros en forma de sombras se colocaban a los costados de la habitación, dejándolos sin salida. Eran demonios, todos ellos iguales, los ojos rojos resaltaban en toda la habitación, la forma en la que se movían parecían ser reptiles arrastrándose por el aire hasta su posición, tomando luego, una forma apenas razonable.
-                Raizer… - aquella mujer pronuncio ese nombre con una mezcla de odio y temor.
-                Una muy aburrida bienvenida nos dio tu compañero – dijo este ser sin sacar la expresión de su rostro, llenando cada rincón con el profundo odio en vida que sonaba su voz.
Uno de los demonios de las sombras se acercó desde afuera, colgando entre sus dientes el cuerpo de un joven con cabellos grises, lleno de heridas y luchando por poder respirar; fue lanzado al suelo cerca de la mujer.
-                ¡Gin! – ella grito su nombre arrodillándose junto al cuerpo de su compañero, mientras se le humedecían los ojos.
-                Llego su fin, no tienen escapatoria… - dijo Raizer con lo que parecía ser un susurro leve- ríndete, entrega a los niños… y tal vez salgas viva de esta…
-                ¡Ni lo sueñes! – grito ella levantándose del suelo, no había tiempo para lamentos, debía proteger a los niños… debía actuar ya- no dejare que se les acerquen, que les hagan daño, y mucho menos que los controlen.
-                Bien… Mátenla.
Los demonios fueron contra la mujer, esta alzo sus manos hacia el frente, una luz brillante formo un escudo alrededor de ella y los niños, quienes abrazaban con miedo y en silencio su muñeco. Los demonios chocaron contra el escudo, no pudieron evitar soltar un pequeño gemido de dolor, esa luz, esa energía, les hacía daño. Todos se alejaron un poco, no querían acercarse nuevamente, todos los ojos rojos brillaban en es esa habitación, pero los de Raizer destacaban entre ellos, su expresión cambio seriamente.
-                Rompan ese escudo ahora mismo.
No lo pensaron dos veces, el escudo intensifico su luz mientras los demonios iban contra él, los primeros que chocaron se desintegraron al instante, acto seguido aquel brillo disminuyo drásticamente. El resto de los demonios empezó a golpearlo con sus cuerpos, piches filosos salían de este campo de protección, clavándose en ellos. A cada segundo la luz disminuía más y más. Se empezaba a distinguir la desesperación en el rostro de la mujer.
Raizer se acercó al escudo ya con su macabra sonrisa de vuelta, los demás se apartaron de su camino. Alzo su brazo hacia la única protección que tenían, este se empezó a fundir en sombras mientras se formaba una cuchilla.
Sus miradas se conectaron entre el odio y la maldad; la desesperación y el miedo.
Levanto la cuchilla y ataco, atravesó el escudo de energía y más allá… la mujer intento hacerse a un lado, pero le fue imposible, la cuchilla le dio de lleno en el pecho mientras el campo de protección desaparecía. La levanto del suelo, manteniéndola empalada y la lanzo bruscamente apartándola de su camino.

Ella se despertó de golpe, el duro choque de la realidad termino de despabilarla por completo. Sentía una presión en el pecho por la desesperación del sueño, pero era solo eso, un sueño. No tenía por qué preocuparse, bostezo mientras estiraba lentamente los brazos.
-                Ey… ten cuidado, Sonia… - dijo un niño, quien estaba recostado a su lado, a los pies de un árbol bajo la sombra que este daba.
-                Perdón Plata, no te vi… - dijo aquella niña frotándose un ojo.
Era de día, por la tarde, el sol brillaba en lo alto, mientras ellos se despertaban de una pequeña siesta.
-                Valla pesadilla – dijo el mientras se levantaba y estiraba.
-                Ni lo menciones… - dijo ella mirando hacia otro lado.
-                Solo son sueños hermanita, vamos a olvidarlo – dijo estirando la mano hacia Sonia para ayudarla a levantarse.
Aquellos niños que en el sueño se veían, hoy compartían una vida plena de felicidad, ignorantes del pasado que se representaba en aquella pesadilla. Se volvieron dos chicos muy unidos, con un inmenso cariño el uno al otro y criados a partir de sus habilidades especiales. ¿Qué es esto de las habilidades? Bueno, ellos podían correr y moverse muy rápidamente, la velocidad que ellos tenían van más allá de su comprensión, esta habilidad recorría ambos cuerpos por completo. No todos tienen tales dotes, eran resultados de extrañas combinaciones genéticas o eran conseguidos según el destino con el cual cada uno se topaba; las personas que los tenían lograban destacar fácilmente, ya que se dejaban llevar por sus habilidades.
Sus sentimientos se transmitían a través del otro, muchas veces pensaban lo mismo, mostraban las mismas expresiones, compartían muchos gustos en común, cuando uno decaía, el otro lo sentía casi al momento. La conexión entre ellos podría haber sido una habilidad especial bastante interesante, pero no era producto de aquellas mutaciones celulares; solo el destino quiso que ellos fueran más unidos de lo que nadie jamás podría serlo con otra persona.
Se dice que los gemelos a veces son tan unidos que tienen extrañas conexiones entre ellos ¿Podría ser cierto?
Una de las cosas que más tenían en común, eran los sueños, desde que tienen memoria la mayoría de ellos los compartían como si fuesen uno. Puede que los sueños produzcan diferentes efectos en los jóvenes, pero sin que ellos se dieran cuenta, también era algo que tenían en común. Por lo que en este momento, ambos sabían de la preocupación del otro y a su vez, que debían aplacar las angustias del otro para no deprimirse por cosas, en este momento, sin significado o coherencia alguna.
La diferencia que se puede ver en estos niños a sus 11 años de edad, con la de sus 3 años contados en sueños; Es que uno de ellos es diferente a lo descrito anteriormente, la niña tenía unos largos cabellos ondulados de un color que resaltaría hasta en la oscuridad más profunda de un abismo, era fucsia y con unos cuantos bucles que destacaban cerca de su rostro. Él tenía el pelo un poco largo para ser un chico y un tanto ondulado con unas mechas negras en las puntas, pero no dejaba de ser de ese azul.
Que mejor para aliviar aquellas pesadillas que unas cuantas carreras. Siendo niños, les era fácil olvidar los problemas, se divertían de formas absurdas, pero eso no sucedía al correr. Son sus habilidades después de todo, disfrutaban plenamente de esto, les encantaba sentir como el aire se cortaba ante sus roces, como generaban su propia ventisca, sentían que volaban, que eran parte del mismo viento, que podían lograrlo todo con tan solo mantenerse en movimiento. Para ellos, tomarlo como un juego a esa edad es lo más fácil de deducir y claramente es como se lo tomaban; les gustaba desafiarse entre ellos, ver quien llegaba a algún lugar antes, quien alcanzaba al otro para luego escapar, cualquier juego en el que pudieran correr, divertirse y superarse, les venía bien.
Su simple juego lleno de risas el bosque por donde corrían, las hojas de los árboles se movían bruscamente ante sus pasos, apenas se los podía ver pasar entre ellos, esquivándolos y evitando chocarse. Jugaban a la mancha, el típico "las quedas" provoco que Sonia terminara persiguiendo a Plata. Pero logro darse la vuelta rápidamente para tocarle la cabeza.
-          ¡Las quedas! -dijo en un leve canturreó, agarrándose de la rama de un árbol y dando un giro, yendo para otra dirección.
Plata giro sobre si persiguiéndola, se dirigían a las lejanas montañas, tardaron unos pocos segundos en llegar a ellas. Entre las distracciones de Sonia para que él no la agarrara  o para perderlo, se podían ver como daban vueltas de acá para allá. Estando frente a las montañas ella  se lanzó al suelo, derrapando entre unos arbustos enormes que estaban muy pegados a los árboles. Plata los saltó por encima y dándose cuenta de que perdió a Sonia de vista siguió corriendo por los costados de la montaña, en espiral fue subiendo hasta la cima.
En los arbustos se podía ver como ella salía de estos, se sacudía un poco y corría normalmente en dirección contraria a las montañas, sabía llamaría la atención yendo rápido.
Plata desde lo alto observaba alrededor, no veía nada por encima de los árboles, sabía que las hojas se moverían bruscamente si ella pasaba corriendo. Cerró los ojos unos segundos mientras decía para sí:
-        Bien pensado Sonia… no podré verte si no corres –Luego sonrió mientras se sentaba entre las rocas.
Decidieron que el juego ya había terminado, por lo que el dejo de buscar y ella volvía a correr rápido. Así es, esto se debe a su conexión, solo sintieron que ninguno de los dos quería seguir el juego, ya se sentían mejor que cuando despertaron, solo iban a relajarse cada uno a su manera.
Sonia se estaba metiendo en la parte densa del bosque, donde la vegetación se hacía más frondosa, en ese lugar no podía correr rápido, los árboles se pegaban más entre ellos, las plantas salían por todos lados, aun así no disminuyo la velocidad, si no que la aumento. Parecía ser una selva aquella zona en la que entro, aunque ella estaba familiarizaba con este sector, lo único que buscaba era mejorar sus técnicas. Esquivaba árboles y plantas, intentaba no tocar ni una hoja mientras se abría paso en aquel lugar; quería ser más ágil, más rápida, tener la delicadeza de saber cómo moverse ante cada obstáculo.
Fue cuando se escucharon ruidos metálicos, no se sabía de donde venía. Hasta que algo apareció de repente sin darle tiempo a frenar, chocando contra ello y cayendo al suelo.
Levanto la vista queriendo ver contra que se envistió.
Antes de poder ver siquiera quien o que era, algo la levanto del suelo, era metálico y frio. Intento zafarse, pero la sujetaba fuertemente.
-          Oh, ¿Pero que tenemos aquí? Sonia, maldita bola de pelos, que suerte tengo que seas tan descuidada a veces.
Era un hombre de cabellos grises, llevaba lentes de los cuales titilaban luces que no dejaban ver sus ojos. Tenía una bata larga que daba la impresión de ser un doctor.
-          Kaz… Kaz… Kaz… -dijo Sonia en un leve susurro negando con la cabeza- ¿Cuándo aprenderás que secuestrar gente es malo?
-          Me pregunto cuando dejaran, tú y tu hermano, de entrometerse en mis asuntos, –este chasqueo los dedos seguida de una ligera sonrisa –al menos ahora odre deshacerme de uno de ustedes.
Había una nave cerca de ellos, de la cual provenía una especie de brazo robótico que sujetaba a Sonia; al parecer ella chocó contra aquel artefacto volador. Inmediatamente luego del chasquido que produjo Kaz, aquella extremidad metálica levantó a Sonia del suelo y la acercó hacia Kaz, quien convirtió su sonrisa en algo arrogante.
-          Tu descuido será perfecto para mis experimentos, ya tengo varios planes para ti y tus habilidades.
-          ¡No la tendrás tan fácil! ¡Solo espera a que me libere! Si no lo logro yo, lo hará mi hermano.
-          Tendré que apurar los planes entonces niñita –dijo saltando a la nave ágilmente –ya tengo varias instalaciones preparadas para ustedes por si se descuidaban, será divertido ver cómo te desesperas por intentar escapar de mis nuevas cúpulas indestructibles.
Sonia fue llevada en la parte trasera de la nave, aun la sujetaba el brazo metálico cuando un vidrio empezó a elevarse y rodearle, encerándola en una cúpula. Hasta que no se cerró por completo ella no fue soltada.
Estaba atrapada.
Mientras Kaz se elevaba de a poco y emprendió vuelo, Sonia hacia lo imposible por romper la cúpula; no le importaba lo que había dicho Kaz sobre que eran indestructibles ahora, solo debía hacer el intento de liberarse, pero era en vano cualquier golpe. Cayo al suelo cuando la maquina tomo velocidad repentinamente y se dio la cabeza contra el vidrio.
Se quedó allí sentada, frotándose la cabeza y viendo cómo se alejaba de las montañas en las que sabía que se encontraba su hermano. Si tan solo tuviese alguna forma de decirle lo que estaba sucediendo, más que nunca pensó en su hermano, quería hacer notar su preocupación al menos, para que supiera que algo iba mal. Era el único que podía ayudarla ahora, a pesar de que Kaz no era rival para ninguno de ellos, se sentía preocupada por estar atrapada. Como si el cristal se achicara contra ella, pareció entrar en pánico, su mente le decía que corra aun sabiendo que no podía hacerlo. No le gustaba la sensación de estar encerrada, era como un claustrofóbico en un espacio cerrado, pero no, solo debía concentrarse. Kaz siempre planea cosas malas y siempre que se enteraban eran capaces de detenerlo; esta no sería la excepción, tenía que evitar que sus planes siguieran en pie sea como sea. Seguía pensando en su hermano, en su nombre, en querer pedirle ayuda mientras esperaba a ver que más sucedería ahora.
Plata estaba recostado en las rocas, sentía el viento recorrer por su cuerpo, como le movía el pelo y lo hacía sentir libre, relajado, lleno de paz. Veía desde arriba moverse las hojas de los arboles delicadamente. No había nada que le llamara la atención a los alrededores, nada extraño ni nada malo, hasta que una oleada de preocupación lo invadió… no era suya, no se sentía para nada de esa manera… ¿Sonia? … ¿Que le estaba pasando a su hermana?
Se levantó de golpe, instintivamente miro alrededor, buscaba una señal y la encontró. A lo lejos pudo distinguir como los árboles se movían bruscamente, algo estaba pasando entre ellos, intento ver que era lo que provocaba aquel alboroto, diviso una maquina voladora, una pequeña nave que se alejaba más y más.
-          <Plata… >
-          ¿Eh? ¿Sonia?.... -no pudo evitar mirar a su alrededor.
-          <Ayúdame…>
Era su voz, lo sabía, era su hermana. Pero, sonaba en su cabeza como si hablara dentro de él, le provocaba una sensación muy extraña…  no podía preocuparse por eso ahora. Sonia lo necesitaba y él iba a ayudarla, tenía que ver con aquella nave. Estaba seguro de quien podría tratarse todo esto.
Bajo velozmente la montaña, en línea recta, como si nada se interpusiera en su camino. Luego, salto hacia las copas de los árboles, sin perder de vista a aquel artefacto, salto de rama en rama para poder verlo y no perderlo en el camino. Perderlo de vista no era una opción, caerse tampoco lo era, coordinaba sus saltos y visión, ante cada movimiento. Estaba acercándose a la nave, sentía la presencia de su hermana de alguna extraña manera. Aquella conexión se cortó de golpe algo se interpuso en su camino, alguien estaba sentado en la rama de alguno de los árboles, Plata no se dio cuenta hasta que lo piso y cayeron ambos al suelo.
Plata miro atentamente aquella persona, era un chico, él lo conocía hace ya tiempo, su pelo negro tapaba sus ojos mientras estaba tumbado en el suelo, aquello ojos que daba lugar a su nombre.
-          ¡Red! ¿estás bien? –dijo Plata ayudando a levantarlo.
-          Claro, no fue nada –decía acomodándose –oye, deberías ir con cuidado, vi a Kaz merodeando por la zona. Lo estaba siguiendo, pero lo perdí de vista.
-          Con que Kaz… -sus sospechas eran obviamente ciertas pero ahora ya lo tenía comprobado, miro al cielo en busca de la maquina voladora –Sonia desapareció y creo que fue él el culpable. Tengo que seguirlo, va en una… especie de nave.
-          Te acompaño, amigo. ¡Una ayudita nunca viene mal!
-          Está bien, Red. ¡Intenta seguirme el paso!
Ambos salieron a correr, tan rápido como a Red se le permitía, esta no era su especialidad. Iba cargando un bate que parecía ser de metal muy pesado, perseguían a Kaz e intentaban no perderle de vista. Los experimentos y el, eran una combinación que se mostraba muy seguido y no siempre terminaban bien. Ellos no sabían que era lo que hacía exactamente en sus experimentos, pero sabían que no era bueno; cada vez que secuestraba gente, era para usarlos como ratas de laboratorio en ellos.
Se acercaban al mar, a lo lejos podían ver un risco, en la cima de tal, grandes instalaciones se elevaban. Ya sabían dónde tenían que ir, observaron a lo lejos como Kaz desaparecía de su vista mientras se adentraba en el enorme edificio. Rodearon el risco, escondiéndose entre los árboles, debían infiltrarse en el sin llamar la atención.  No podían entrar de frente, las cámaras vigilaban todos los alrededores y rodeando el lugar, se veían montones de robots; parecían estar desactivados, totalmente inmóviles, a la espera de alguna señal. Debían pensarlo bien, rodear el lugar, evitar cámaras y robots.
Plata estaba muy preocupado por su hermana, no dejaba de pensar en ella mientras miraban los alrededores, en su mente solo podía pensar: “Estoy cerca, Sonia. Estoy cerca”
Mientras tanto a Sonia la habían encerrado en otra cúpula, había tres de ellas, la del medio estaba vacía, mientras que en la del otro costado se encontraba un gran pájaro blanco. Era tan grande como ella, agitaba las alas desesperadamente y rallaba el vidrio con sus enormes garras, como si eso fuese a liberarlo de aquella prisión de cristal. La habitación era enorme, parecía estar hecha puramente de metal. Las cúpulas se conectaban entre si y a su vez, por grandes tubos y cables, a grandes máquinas y paneles de control se hallaban ocupando gran parte de la habitación.
-          ¡Suéltanos Kaz! –grito Sonia golpeando el  vidrio- ¡o tendrás otra base destruida en cuestión de momentos!
-          No creo que estés en posición de debatir tales cosas, Sonia. Están bajo mi poder, malditos anormales… –dijo Kaz fríamente mientras operaba las maquinas –joder, ese pajarraco está empezando a irritarme. ¡QUEDATE QUIETO INMUNDO ANIMAL!
Acto seguido luego de aquel grito, giro uno de los botones de sus máquinas. Inmediatamente descargas eléctricas se dispersaron dentro de las cúpulas obligando al pájaro a calmarse repentinamente. Cayó al suelo, incapaz de seguir chillando; Sonia se apoyó en el vidrio, intentando soportar la corriente eléctrica. Segundos después se dejó caer al suelo, sentándose, observó más detenidamente los alrededores.
Kaz seguía tocando botones rápidamente, números y letras aparecían en las pantallas. Anormales, pensó Sonia, todo lo que hacía el si era anormal.
Una gran maquina se encontraba entre las cúpulas y los controles, lo que destacaba de esta era que una gran esfera de energía estaba conectada a esta,  un vidrio rodeaba todo ese potencial, manteniéndolo controlado.
Cerró los ojos.
 Las luces molestaban su vista, debía concentrarse en mejores cosas… ¿Qué era aquella sensación que tenía?... sentía de alguna extraña manera que su hermano estaba cerca de ella… sabía que el vendría si lo supiera, de seguro sintió su preocupación. ¿Pero cómo la encontraría? ¿Quién dice que aún no se encuentra en la colina, seguramente recostado y relajándose? Aunque algo dentro de ella, le decía que su hermano estaba cerca, que la estaba buscando y confiaba plenamente en ese presentimiento.
-          <Estoy cerca, Sonia. Estoy cerca...>
Era la voz de su hermano, estaba segura de tal cosa. Pero, eso era imposible. Las palabras sonaban en su cabeza, estaban ahí presentes, no provenían de ningún sitio en específico, solo aparecían brevemente en su mente. Proceso cuidadosamente toda esa información, no podía ser imposible, porque estaba sucediendo. Apretó los ojos y pensó en el nombre de hermano, preguntaba por él, lo llamaba...
-            < ¿Plata?...>
-          < ¡Sonia!>
Dudaron por un momento, mientras el mismo pensamiento recorría sus mentes.
-            < ¡Telepatía!>
-          <Había escuchado de la telepatía entre gemelos... -pensó y comunico Sonia -pero esto es demasiado>
-          <Es imposible...>
-          <Creo que para nosotros, ya nada es imposible>
-          <Je ¡esto es genial! Bien hermana... prepárate para salir de ahí, ¡que estoy muy cerca!
Sonia sonrió, ya no había nada más que decir.
Plata y Red habían buscado el lugar perfecto para entrar, intentaron armar un plan, pero claro, las cosas saldrían de la manera que deberían salir en el momento que se llevase a cabo. Fueron corriendo hacia la posición adecuada, cuando vieron a alguien escondiéndose entre los árboles. Era una chica con el pelo azul oscuro, llevaba poco pelo atado a una colita de costado mientras que la mayor parte de su pelo cubría la mitad de su espalda, tenía ropa de un rosa oscuro; remera y una pollerita. Estaba atenta a la base de Kaz, se asustó al escuchar que alguien se acercaba a sus espaldas, se dio la vuelta rápidamente mientras que sacaba una pequeña arma.
-          ¡Lea! ¡Somos nosotros, tranquila! -grito Red con las manos en frente, como si eso fuese a detener lo que ella podría llegar a disparar.
-          ¡Chicos! ... ¡qué suerte que están aquí!... esperen, ¿qué hacen aquí? ¿paso algo?
-          Se llevó a Sonia, vamos a sacarla de ahí. ¿Y tú? -pregunto Plata.
-          Investigaba sobre la gema que me trajeron ustedes, como ya saben, tiene propiedades extrañas y reacciona de diferentes maneras antes diversas cuestione. No sé lo que sucedió exactamente, pero cuando me di cuenta, Kaz irrumpió en el... "laboratorio" acompañado de algunos robots... se llevó la gema, junto con los datos que recolecte. Tengo que recuperar esos datos ¡Y la gema! ¡si secuestro a Sonia puede estar en grave peligro!
-          Jajajaja... -Plata no pudo evitar reírse- pensar que hace tiempo te salvamos de ser secuestrada por él y ahora planeas hacerle frente sola.
-          Bueno. En realidad... -empezó a decir ella sacándose un comunicador de la oreja- estaba a punto de comunicarme con Red para que me ayudase.
-          Bien -dijo Red con una gran sonrisa- ¡Hay que ponerse en marcha! Sea lo que sea que Kaz esté planeando, hay que detenerle de inmediato.
Los tres juntos se pusieron en marcha, no sabían que les esperaría ahí dentro, pero debían enfrentarlo cueste lo que cueste.
Sonia se había dispuesto a esperar luego de aquella... conversación, con su hermano. No sabía cómo llamarlo, era, definitivamente, telepatía. No tenía ni idea de cómo ocurrió, desde cuándo o en qué momento eran capaz de hacerlo. Solo sabía que se concentraba en que cada palabra llegase a su hermano y ocurría. Una voz sonó desde las máquinas, distrayéndola de sus pensamientos.
2 MINUTOS PARA LA EJECUCIÓN
Ella se levantó de golpe, mirando a Kaz fijamente.
-          ¡¿Qué es lo que planeas esta vez, Kaz?! -grito Sonia, empezando a perder la paciencia.
-          Planear... ja, pronto eso no te interesara. Debo admitir que no estaba en mis planes toparme con alguien como tú. Encontrarte a ti mejor dicho. Has sido tan descuidada niña tonta, esta vez mis planes no fallaran... ¡Todos los estorbos como tu serán utilizados a mi favor muy pronto!
-          No te desharás de mí tan fácilmente.
-          Bien, ya casi está listo... -hablo para sí mismo.
Luego saco una gema de sus bolsillos, tenía una forma extraña y era de color rojo, parecía que algo brillaba dentro de ella. Sonia se sorprendió al verla, era la misma que su hermano y ella habían encontrado.
Él se dirigió a la máquina del centro, la que sostenía aquella esfera de energía, abrió un pequeño compartimiento y coloco la gema. Un conteo del 10 al 0 empezaba mientras volvía a los paneles lentamente con una sonrisa bastante desalentadora para Sonia. Ella golpeo el vidrio, de todas la maneras posibles, sabía que era algo estúpido, pero necesitaba hacer algo, necesitaba moverse, no podía quedarse quieta ante estos sucesos. El pájaro blanco empezaba a desesperarse nuevamente, chillaba y arañaba el vidrio provocando ruidos aún más espantosos; al parecer comprendía que todos esos sonidos eran señales de algo malo.
Kaz esperaba pacientemente ante el panel, disfrutaba de aquel espectáculo.
Cuando la cuenta llego a cero, apretó un botón. Inmediatamente, la esfera de energía se volvió completamente roja, se veía una especie de polvo del mismo color, que fue colándose por los ductos que conectaban a las cúpulas, lentamente llegaba a ellos y de a poco lleno las tres cúpulas.
Sonia intentó alejarse de aquella sustancia en vano, su cúpula ya estaba llena de esta, hiso un esfuerzo por no respirarlo siquiera, se tapó la nariz y la boca con las manos. Un golpe en seco se escuchó, giro su cabeza al costado solo para ver que el ave cayó al suelo y como se retorcía de dolor. Pronto sintió una punzada en la cabeza, tan fuerte que la obligó a apretarse la cien, empezó a sentirse mareada de a poco y también cayo, de rodillas al suelo sin poder mantenerse parada. Se agarraba tan fuerte la cabeza, clavando los dedos, queriendo quitarse el dolor con ese simple acto. El dolor se volvió insoportable, su visión estaba borrosa, pero veía algo, algo que no estaba ocurriendo... imágenes repentinas aparecían en su cabeza, gente corriendo, máquinas y otras personas persiguiéndolos, pánico junto a un orden sombrío a favor de los persecutores.
-            En un parpadeo... -susurro Kaz para sí mismo, de forma arrogante y bastante seria -serán todos míos...
¡PLUUMM!
Un repentino derrumbe sacudió la habitación, una de las paredes estalló, dejando un enorme hueco. Pero esto no fue lo peor, uno de los escombros salió volando, hasta la máquina del centro. Se abollo por completo quedando obsoleta.
El vidrio exploto en miles de pedazos.
La energía empezó a revelarse sin control, el cortocircuito de las maquinas empeoro las cosas.
Entre el humo y los escombros, desde el hueco que se generó, Lea sujetaba a Plata, quien se agarraba la cabeza y luchaba por mantenerse en pie. Red se encontraba al lado, con un bate de metal en mano
-            ¡Idiotas! –grito Kaz, alejándose de los paneles que empezaron a fallar -¡Miren lo que hicieron!
Entre tanto, en las cúpulas, el polvo parecía espesarse, no podía verse nada dentro de ellas más que el rojo con unas sombras distorsionadas.
¡BOOM!
Una explosión al costado de la maquina principal. Acto seguido los ductos que conectaban todo a todo se llenó de señales eléctricas también, chispas de energía los recorrieron llegando también hasta las cúpulas. Se escucharon dos horribles chillidos de dolor, provenientes de Sonia y el pájaro. El resto pasaron a ser espectadores, sorprendidos ante aquellos sucesos.
El silencio domino aquel momento, perplejos observaron cómo se disipaba el polvo de las cúpulas laterales, estaban bacías. En el centro el polvo seguía, algo se movía dentro de la prisión de cristal. Aquella sustancia desaparecía lentamente, se pudo distinguir a Sonia de rodillas en el suelo, agarrándose la cabeza en señal de sufrimiento, pero había algo más detrás de ella; para cuando se disipo todo al fin, dos enormes alas blancas la acompañaban por detrás, pero esta vez no le pertenecían a él.
Si no a ella.
El pájaro había desaparecido, solo sus alas quedaban, parte de la remera en su espalda estaba rota lo que les permitían salir.
-          ¡Kaz! ¿Q-que diablos le has hecho a mi hermana? –acusó Plata con la voz quebrada ante aquella inesperada sorpresa.
El cuerpo de Plata tembló involuntariamente, se sentía extraño, ya podía estar de pie tranquilamente, aunque la cabeza parecía estallarle. No lograba entender nada de lo que sucedía, ni a él, ni a lo que le acababa de ocurrir a su hermana. A penas escucho a Kaz quejarse “Ustedes provocaron esto”; su visión se volvió algo borrosa repentinamente mientras lograba distinguir como la cúpula se abría y Sonia se dejaba caer al suelo. Cerró los ojos por un momento, intentado que se le pasara.
Lea y Red se acercaron corriendo a Sonia, quien mantenía los ojos entrecerrados, apoyada en el suelo, su rostro mostro dolor mientras buscaba la manera de levantarse.
-          ¿Estás bien? –pregunto Lea, ayudándola.
-          S-si… -contesto ella, recuperando de apoco las fuerzas, respiro por un segundo y levanto la mirada, pudo ver que Kaz tomaba la gema de la máquina, para luego intentar huir del lugar -… maldita seas Kaz… no dejen que se escape. –logro decir en un susurro mientras lo señalaba.
Red, dejo caer su bate y fue el primero en correr hacia Kaz, quien desapareció metiéndose a un pasillo.
Plata recupero algo de su vista, no se había logrado mover ni un centímetro, sacudió la cabeza y por un segundo analizo la situación. Vio que su hermana no estaba en peligro y decidió ir tras de los demás; recuperar la gema, junto con alguna esperanza de que devolviera a su hermana a la normalidad. Desapareció de la vista en un segundo, dejando a Sonia y Lea en medio de un derrumbe que tarde o temprano ocurriría, el edificio se vio afectado por una cadena de explosiones tras la primera generada en el núcleo, el centro de todos estos acontecimientos.
Sonia se tomó mínima distancia de Lea para que tuviese en cuenta de que ya podía mantenerse en pie, levanto la vista hacia donde todos corrieron. Miro a su compañera y buen amiga, un simple gesto hacia las maquinas le indico que debía hacer lo que mejor sabía hacer antes de que todo se colapsara.
-          Sonia, estas segura de... – empezó a decir Lea, pero para cuando se dio cuenta Sonia ya había ido tras los demás.
Lea era inteligente, pero más allá de lo que cualquiera podría creer, aunque no abandona su niñez tal como es, su cerebro está preparado para analizar todo lo que la informática y robótica pudiese brindarle, con una sola hojeada a miles de libros fue acumulando toda esa información en su cerebro. Esas fueron sus especialidades, pero bien tiene la capacidad de saber y aprender todo lo que se proponga en tan solo un pequeño lapso de tiempo. ¿Raro? No, esta capacidad era su habilidad especial y desde niña ya las dominaba; Con el paso del tiempo, aunque hayan sido solo unos pocos años, fue fortaleciendo sus conocimientos. Su trabajo ahora, era recuperar toda la información robada y/o valiosa que pudiera descubrir.
Kaz gano cierta ventaja ante Red, su agilidad y destreza le deban una velocidad razonablemente rápida ante una persecución, el lugar se colapsaba ante pequeñas o grandes explosiones que dejaban escombros en el camino, cosa que no fue problema para ninguno de los dos pero en segundos las salidas empezaban a sellarse. Kaz tomo su ventaja, más el hecho de saber en dónde se encontraba y hacia donde huir. Se acercaban a una pequeña nave con la escotilla abierta, el salto hacia ella y ni bien entro, esta se activó y elevó al ras del suelo. Si bien fue rápido, no lo sería lo suficiente como para despegar sin que ya estuviesen encima de él. Red se colgó de un alerón en el lado derecho, mientras la nave se dirigía a un gran ventanal que daba hacia la orilla del mar. Plata apareció de pronto, había tenido problemas para llegar ahí en línea recta a consecuencia de los derrumbes; hizo lo mismo que su amigo y se colgó del otro lado de la nave.
Sonia llego unos segundos antes de que la nave chocase contra el cristal, logro saltar y agarrarse de la parte trasera, era quien estaba más cerca de la cabina en ese momento. Los tres buscaron cubrirse de alguna manera ante los trozos del cristal destrozado y de un momento a otro, quedaron a unos cuantos metros solo el suelo, este paso a ser agua en segundos; Kaz tomo rumbo hacia el mar.
Lea estaba en los paneles de controles y opero en ellas por unos instantes, descifro contraseñas y decodifico códigos, borro toda información y copio todo lo que le sirviese. Le toco esperar por un momento y desvió la mirada hacia el bate que red dejo tirado en el suelo; Solo se le paso por la cabeza lo complicado que sería sacarlo de allí, ya que era muy pesado para ella. Volvió a centrar la vista en las maquinas, las explosiones empezaban a preocuparla, buscaba salir rápido de allí, busco planos para poder facilitarse la salida. Memorizo pasillos y entradas… hasta que algo le llamo la atención en los planos, decidió revisarlo y ver informaciones que contenía aquel sector.
“Experimentos en habilidades/celdas”.
Su rostro cambio entre una mezcla de seriedad y sorpresa absoluta, no dejaba de leer los informes de aquel lugar…
-          Diablos… como no lo pensé… – se limitó a decir.
Tomo sus cosas rápidamente y salió a correr como nunca. Se llevaba el bate a rastras complicándole recorrer el lugar con más rapidez.
En cuanto a los demás, Kaz sobrevolaba el mar a gran velocidad y al menos a más de 10 metros. Vio a red mantenerse y subiendo de a poco, acercándose a la cabina. Giro bruscamente hacia la derecha, provocando que red resbalase, si bien no cayó al agua, quedo al borde del alerón agarrándose apenas de una mano nada más. Esto provoco que plata pudiera impulsarse y acercarse mucho más a la cabina; una de sus manos se apoyó en el cristal que esta tenia. Kaz estaba resguardado tras este, se limitó a sonreír en señal de burla, pues no podrían hacer nada para atraparlo. Su siguiente movimiento fue voltear la nave hacia la izquierda, donde Red aprovecho el aferrarse donde pudo y subirse mejor, agarrándose firmemente a la cabina. Pero Plata resbalo, intento agarrarse, pero le fue muy tarde, choco contra el ala y luego cayó al mar.
-          ¡Plata! –grito Sonia, viendo como el agua salpicaba.
Él no sabía nadar, no se podría mantener en flote; Cuando era pequeño descubrió que tenía una fobia descomunal al océano y desde entonces no se acerca a las profundidades, por más mínimas que sean. Ella tenía que hacer algo al respecto por su hermano, tenía que ayudarlo… se limitó a mirar a Red. Este asintió con la cabeza, sabiendo bien que era lo que tenía que hacer.
-                Yo me encarga –dijo el mientras veía a Sonia soltarse y cae de picada en el agua.
Sonia sintió como el agua la envolvió fríamente tras un duro golpe. Intento nadar en el agua, descender para encontrar a tientas a su hermano, pero hiciese lo que hiciese parecía como si no avanzara más a su cometido. Podía sentir en sus alas, como algo tiraba de ellas hacia arriba, estaban totalmente desplegadas… Pensó en juntarlas a su cuerpo, en liberar el aire que quedo seguramente atrapado y la empujaba hacia arriba; mientras seguía con el esfuerzo de nadar contra ello. Casi al instante pudo sentir como sus alas se pegaban a sus costados; desde ahí noto un poco más la diferencia, estaba avanzando a su meta. Pero, seguía a oscuras, no podía ver nada, y empezó a sentir un vacío profundo en el pecho; ese vacío pronto se volvió dolor, no venía de ella misma, si no de su hermano.
Necesitaba sacarlo pronto.
Entreabrió los ojos, a pesar del dolor que sabía, se avecinaría. Logro distinguir a su hermano cerca de ella, el ardor es sus ojos fue inmediatamente insoportable; los cerro fuertemente y lucho por llegar a él.
-          <Resiste Plata… >
La cabeza de Sonia daba vueltas, podía sentir una enorme presión tanto en ella como en su pecho, como si en cualquier momento fuera a explotar. La falta de aire que provenía de su hermano y lo más importante, su pérdida de conocimiento; solo provocaba retrasos en el momento de salvarlo, dolor y molestias se combinaban, confabulando en su contra.
Pronto llego a alcanzarlo, lo tomo en sus brazos, tan fuerte como pudo, de tal manera que parecía que jamás lo volvería a soltar. Pataleo tanto como pudo para volver a la superficie, de alguna manera sentía que las alas le pesaban, como si el plumaje de sus alas estuviesen retenido tanto líquido que solo provocaban peso muerto. Aun le ardían los ojos, el dolor le parecia infernal de soportar y por tanto que nadase, sentía que no llegaría a flote jamás.
Fue entonces cuando comenzó a sentir cuánta agua había tragado Plata, cada segundo que pasaba sin aire y como sus pulmones colapsaban en la búsqueda del aire. Se sintió tan mareada y perdida en ese momento, que dejo de avanzar; una vez más, a pesar del dolor, abrió los ojos y poso su mirada hacia la superficie. Parecían estar tan cerca… demasiado cerca… pero no creía lograrlo, intento seguir solo con el deseo de salvar a su hermano, mientras sus pulmones pedían a gritos, rogando por un poco de oxígeno. Su visión se tornaba el doble de borrosa y más se distorsionaban sus pensamientos.
No lo lograría
Pensó sin pensar, sin entender que era lo que recorría su mente en aquel momento… No podía morir así, ahogada en medio de la nada. La fobia de su hermano ¿Los llevaría al final de ambos?... bajo la mirada instintivamente. ¿El fondo del mar siempre había sido tan oscuro?... Llego a sentir que algo en toda esa oscuridad esperaba a que llegase su final, para que se sumieran a ella y no volviesen a ver la luz.
De repente el agua a su alrededor se revolvió bruscamente, alguien se acercaba desde la superficie. Sus ojos se iluminaron dándole las fuerzas para su último esfuerzo; quien quiera que fuese, la agarro de la mano y la impulsó hacia arriba.
Al llegar al fin a la superficie, tomaron tanto aire como fuese posible, Sonia lleno sus dolidos pulmones entre el medio de las bajas olas. Luchaba por mantenerse a flote junto con sostener a su hermano y recién entonces fue cuando pudo ver a su salvador.
Red…
Observaron la orilla a lo lejos, parecía tan distante a pesar del corto tiempo de vuelo que tuvieron, de a poco entre los dos fueron llevando a Plata por el agua.
Mientras esto sucedía, Lea se había infiltrado en los adentros de la base de Kaz, donde busco y busco una habitación en especial. Se había memorizado el camino más corto y la manera más fácil de llegar a él cuándo veía las maquinas; no tardo tanto en encontrar aquel lugar, pero se le complicaba en ciertos sectores donde el suelo cedió y el derrumbe le cortaba el paso. Entro lentamente en el lugar mientras vigilo atentamente a los alrededores; Observo muchas maquinas extrañas y complejas, de las cuales muchas de ellas terminaron bajo escombros, un solo panel de control aun en funcionamiento… y en todos los laterales de este espacio, una gran cantidad de celdas que consistían en rejas de descargas eléctricas, de lejos se veía como la energía se desplazaba por aquella prisión; entre la pared y la reja había muy poco espacio para cada celda, un solo toque te enseñaría a mantenerte quieto. La mayoría parecía estar vacías o sin aquellas descargas que impedían el paso, el resto de ellas estaba ocupadas por niños o apenas adolecentes que parecían estar desnutridos y apenas con vida.
Los pedidos de ayuda al ver a Lea comenzaron casi al instante de entrar en la habitación, se escuchaba a los más pequeños llorar, pidiendo que los dejaran en libertad, los mas grande rogaban por tal cosa también, deseando que no sea una más a la colección o un simple truco del doctor Kaz.
Ella intento actuar rápido, ante las aclamaciones, pero no podía pensar bien en ese momento, toda ese entorno tan desastroso la había shockeado bastante, pero tenía en mente el sacarlos de ahí y debía hacerlo rápido. Corría hacia el panel de control, una vez más movía sus dedos rápidamente insertando claves una y otra vez, rompiendo la seguridad del sistema; esta vez le tardo más, estaban bien protegidas.
Todas las celdas se empezaban a abrir una por una, los prisioneros ahora libres empezaban a correr en todas direcciones buscando la salida. Lea se tuvo que enfocar en darles órdenes mientras terminaba de abrirles el paso.
-          ¡NO SE VAYAN! ¡Yo los guiare a la salida! ¡Ayuden a los más heridos o más pequeños por favor! ¡SI SALEN AHORA SE PERDERAN EN LA BASE Y CAERAN CON ELLA!
No todos hicieron caso, algunos desesperados salieron por la puerta que ella había entrado, otros dudaron por unos instantes, pero se quedaron ahí a ayudar a los demás. Se podían escuchar las explosiones de fondo juntos con las miserables voces de los jóvenes queriendo salir a toda costa de aquel lugar que tanto los había torturado, el pánico dominaba aquella situación más que cualquier otra cosa.
Una de las celdas era diferente, fue la última en abrirse al fin, estaba fuertemente protegida, por alguna razón, el individuo estaba encadenado, todo su cuerpo estaba oculto bajo el metal, a excepción de su cabeza; apresado más que los otros, con la cabeza baja, inconsciente de lo que ocurría alrededor y frente a él un pequeño niño lloraba llamando por su hermano. La celda se abrió y el niño entro, tirando de las cadenas como si ese fuese a liberarlo; Lea aun introducía códigos para abrir esos grilletes ¿Por qué estaba tan protegido este? ¿Qué tenía de especial? Cuando las cerraduras se abrieron, el sonido de la libertad se oyó en por sobre todas las cosas; Una fuerte descarga eléctrica se liberó junto con el prisionero, quien cayó de rodillas al suelo sin siquiera pelear por mantenerse en pie. Aquella energía hizo que el niño callera de espaldas al suelo, bien no fue lo único que causo, todas las computadoras, y la mayoría de las luces se apagaron en aquel momento; como si aquel pequeño fuera fuente de energía en aquel espacio.
Ella ya no tenía nada más que hacer en aquel lugar, más que el sacarlos a todos de allí, se dispuso a ayudar al joven que causo el apagón, mientras arrastraba el bate aun y con un grito de orden, guio a todos hacia la salida; apurándose pero teniendo cuidado de no lastimar al debilitado chico más de lo que ya estaba. Empezó a trazar caminos en su cabeza, evitar los lugares que ya había esquivado por los derrumbes, busco la mejor ruta a la que dirigirse para llegar pronto a la salida; no tardaron mucho en encontrarla, aunque el camino les pareciese largo a todos por cargar con otros o por estar sumamente cansados.
La luz del sol los rodeo por completo cuando salieron por fin de la base, el aire puro mezclado con el humo proveniente de la base colapsándose a sus espaldas, todos se dispersaron y alejaron del lugar; unos y otros parecían estar tan conmocionados que no sabían dónde correr. Frente a ellos el bosque se alzaba, sabían que se perderían en aquel lugar si entrasen, muchos miraban a Lea buscando una señal que les ayudase. Ella se limitó a decir que la esperasen y les ayudaría a volver a sus hogares; dejo el bate junto al pequeño grupo, estaba segura que ninguno de allí podría levantarlo, acto seguido corrió a la orilla del mar, donde supuestamente habían partido rumbo los chicos. Los vio nadando con dificultad, peleando por llegar a tocar tierra, no estaban tan lejos pero aún les faltaba un buen tramo.
Se le unió en la ayuda de traer a Plata y mantener en pie a Sonia. Se le facilito mucho el nadar rápidamente hasta ellos, pero el cargar con alguien sí que era un esfuerzo terrible para que no se ahogaran entre ellos. Poco a poco se acercaban más y más, la calma del mar al menos les permitía un poco de tranquilidad para no ahogarse en el intento de tomar una bocanada de aire. Llego el momento en el que tocaron el fondo con sus pies, el suelo parecía ceder ante los pasos de Sonia. Avanzo cuanto pudo entre tropezones, mientras Red se dispuso a cargar en brazos a Plata.
Fue cuando ella ya no pudo soportar más el mareo y el esfuerzo, sus piernas dejaron de responder, cayendo al suelo quedo inconsciente.
Oscuridad.

Los dos hermanos juntos abrieron los ojos, solo para ver que estaban rodeados por una interminable oscuridad, miraron a su alrededor solo para encontrarse con la nada, entre ellos podían verse el uno al otro como si brillasen en aquel sitio, tan claro como cuando se está bajo el radiante sol, distinguieron que sus pies flotaban en el vacío como si estuviesen flotando en un sueño sin conclusión. Se miraron a los ojos, completamente perplejos ante este momento.
-          ¿Pero qué…? ¿Dónde estamos?... ¿Qué es este lugar? –pregunto Sonia sin dejar de ver alrededor una y otra vez a pesar de que la misma imagen se mantenía.
-          No lo sé –respondió secamente.
No se movieron ni un milímetro más que para girar la cabeza, temían que de alguna manera, un paso en falso los llevara a caer infinitamente en aquel vacío.
A lo lejos vieron la primera señal de que había algo más que ellos en aquel lugar, una pequeña bola de luz apareció en escena, tenía un color alilado y se acercaba lentamente, hasta quedar frente a ellos.
Fue en ese momento, cuando la voz de una mujer se escuchó, apagada y casi en un susurro.
-          Hola mis niños, me alegra tanto verlos –se lograba distinguir un poco de emoción y esperanza en su tono a pesar del murmullo que emitía.
Ellos no dijeron nada al respecto, no lograron pensar en que decir, casi inmediatamente la luz brillo con fuerza, haciéndose más grande; extrañamente fue formando la silueta de una mujer mientras crecía. Una vez que tomo la forma perfecta, la luz comenzó a apagarse dejando a cambio a esta persona de cabellera un tanto alilada y de ojos morados… tan extraña parecía pero al igual que ellos permaneció flotando y dejándose ver como si la oscuridad no fuese un impedimento a la visión. Su expresión mostraba tristeza y un inmenso vacío; pero sus ojos brillaban con emoción mientras los veía de arriba a abajo.
Los chicos aun conservaban el asombro, la miraran extrañados, de alguna manera, se les hacía familiar aquella mujer.
-          Mis niños… -dijo la mujer agachando apenas la cabeza.
-          Te me haces familiar –soltó Sonia mirándola atentamente.
-          ¿Quién eres? –pregunto Plata.
-          Yo, soy Lizar. Esto puede parecerles un sueño, pero quiero que tengan en cuenta que no lo es… cuando ambos se desmayaron, traje sus almas para poder hablar con ustedes. Esta mañana… les di una pequeña señal de lo que les esperara…
-          ¿Señal? ¿una señal de que?... –pregunto Sonia un tanto impaciente.
-          Esta mañana soñaron conmigo niños…. Vieron en sus pesadillas algo que pronto tendrán que enfrentar. Sé que tal vez no lo recuerden muy bien pero…hagan el esfuerzo.
-          En ese sueño, morías… –dijo lleno de dudas Plata.
-          Así es, eso es lo que sucedió el día en que, aquel a quien ahora llaman padre, los salvo.
-          Acaso… ¿tú eres nuestra verdadera madre? –pregunto Sonia con los ojos iluminados.
-          Jejeje… -una pequeña sonrisa escapo de sus labios, pero rápidamente volvió a cambiar a aquella expresión de vacía- no mis niños… yo era, y soy, su guardiana. Los protegía… junto a un compañero que pereció ante las garras de un poderoso demonio… del cual los ocultábamos. Era nuestro deber mantenerlos a salvo de él.
-          ¿Cómo es que estamos aquí? O más bien, ¿Cómo es que tu estas aquí? Si se supone estas… muerta –pregunto Plata con un leve tono de frialdad, a lo que Sonia acuso con la mirada.
-          Hay poderes que van más allá de una habilidad especial… fuera de toda comprensión. Yo seguiré estando para ustedes un muy largo tiempo. Se encuentran en algo parecido al limbo, una pequeña brecha entre la vida y la muerte.
-          Entonces, ¿dices que hay un demonio tras nosotros? –Pregunto Sonia queriendo encontrar más respuestas a lo que sucedía.
-          Así es querida… Él es llamado Raizer. Déjenme les cuente sobre él, antes de decirles el por qué. Raizer, milenios atrás, pertenecía a un grupo especial de demonios de las sombras, estos son capaces de controlar las sombras a su favor y de alguna manipular la oscuridad de las personas; con esto me refiero la maldad que hay dentro de cada uno, esos pequeños pecados que pueden ser manipulados con la promesa de poder o completamente en contra de su voluntad ser obligados a hacer lo que se quiera de ellos. Siempre fueron seres muy pacíficos y no utilizaban sus poderes a menos que sea extremadamente necesario o se vieran en peligro. Hasta que Raizer se levantó entre ellos, con sus capacidades inigualables y poderes superiores a todos los demás de formas casi inexplicables. –Tomo un segundo para dar un suspiro mientras con una mueca en su cara demostraba como iba recordando cada cosa, o bien las pensaba al momento de decirlas, sus ojos mostraban un enorme vacío en su interior aún más grande que antes, mientras que los dos chicos escuchaban atentamente sus palabras– Quienes se unieran a él no tendrían que pasar bajo el sufrimiento de obedecerle involuntariamente… de a poco se fue haciendo bajo el control de toda esta pobre raza. Cuando al fin se hizo con todos y cada uno, no paro ahí; fue por más, creando así una gran leyenda de este demonio de ojos rojos… Se le hizo frente incontables veces, todos terminaban muertos o controlados…
-          Has dicho que milenios atrás… ¿Significa que es inmortal? ¿Que nadie lo ha podido detener después de tanto tiempo? Esto no explica que tenemos que ver nosotros en todo esto –pregunto Plata.
-          Solo dos veces fue sellado… a manos del mismo espadón sagrado, cual fue destruido en el segundo logro. Provocando que los controladores voluntarios buscaran una solución para liberar a su líder, que el resto pudiese escapar de a momentos y por otro lado, que esta raza de demonios sombras quedaran en trance, ocultos en la oscuridad, donde tarde o temprano cuando el vuelva, retomara el control de todos. Este es el estado en el que Raizer se encuentra ahora mismo… cuando el primer sellado se produjo, durante la conmoción de lo que podría pasar si se liberase, una profecía nació; la cual revelaba los temores de todos, el volvería de la simple prisión que lo retenía, todo método para retenerlo sería inútil o solo una pérdida de tiempo que retrasaría lo inevitable. Así, con estas pocas palabras, todos lo creyeron inmortal, e incapaz de ser destruido. No obstante, la profecía no acabo ahí mismo, si no que término por dictar que: Solo aquellas dos personas más unidas que cualquier otra, con sus almas en perfecta sincronía y conexión, podrían causar la extinción de tal ser maligno… Ustedes, niños míos, son aquellos que la profecía reclama.
-          ¿Cómo puedes saber que somos nosotros en verdad?...
-          Si solo somos unos “niños”… -Plata termino la oración que Sonia comenzó.
-          Es su destino, ¿acaso nunca se han preguntado el cómo podían estar tan unidos, fuera del lazo sentimental? ¿Por qué sentían el dolor o la alegría del otro como si fuesen uno? ¿El cómo soñaban por igual?... Mi deber, niños míos, es protegerlos y guiarlos, hasta la caída de Raizer. Todo esto fue ideado desde incluso antes de su nacimiento, no les puedo asegurar que todo estará bien; pero por favor, espero que entiendan la gravedad del asunto y se preparen para lo que vendrá… no es reconfortarle decirles que tienen luchar por el bien de todos. Pero, deben hacerlo.
El silencio inundo aquel lugar perdido en la nada, miradas de preocupación aparecieron en los chicos.
-          Nuestro padre… Nos crio para luchar… Nos crio para protegernos nosotros mismo y superarnos día a día.
-          Pero por sobre todo, nos crio para ser buenas personas, ayudar siempre que sea necesario y pueda hacerse –esta vez Sonia termino la idea de Plata.
-          El los crio muy bien, teniendo en cuenta que era muy joven cuando los salvo. Ah hecho lo mejor por ustedes… No hay nadie que pudiese haber sido mejor para ustedes y su crianza. Ese joven tiene una gran alma en su interior.
-          ¡Nuestro padre es el mejor! –dijo Sonia sin pensarlo.
-          Jeje… si, lo es en verdad. Bueno mis niños… mi momento aquí, ha acabado por hoy. Solo debo hacer una cosa más antes de acabar… tal vez, no confíen del todo en mí, no puedo culparlos si es así, ya que todo esto será y es muy nuevo para ustedes… Les pediré nada más por hoy, que cierren los ojos por un momento…
Plata miro a Sonia, ella confiadamente cerró los ojos, el suspiro, con una enorme duda encima, para luego hacer lo mismo que su hermana. Lizar sonrió débilmente, no dejaba de tener la mirada perdida, llena de tristeza; Alzo las manos a medio cuerpo, manteniéndolas en dirección a los niños. Una extraña luz floreció desde el pecho de cada uno y se intensifico; llego un punto en el que, desde ambas partes, se separaron del cuerpo y formaron dos esferas de luz. Una de ellas era de color fucsia, la otra de color azul, no tardaron mucho en conformarse como dos partes que empezaron a girar entre ellas y entremezclarse como una; parecían una extraña y brillante ráfaga de viento, un remolino, el azul y el fucsia se mantenían en un equilibrio perfecto mientras transcurría aquel espectáculo de colores.
Las esferas volvieron a formarse, una y una, pero esta vez eran, aun, una mezcla equilibrada de aquellas dos almas. Luego de separarse por completo, aquellas esferas se volvieron luz cuales rodearon a cada uno, volviendo así, a su lugar de origen hasta desaparecer.
Instantáneamente ambos abrieron los ojos, se sentían de alguna manera, diferentes. Como si de alguna manera las emociones que sentían cada uno resaltaban aún más que antes. Sonia seguía muy confiada en todo esto, estaba segura de que todo estaría bien y aunque Plata aun sentía preocupación y cierta desconfianza, se tranquilizó sintiendo la seguridad y calma de su hermana. Ambos se dijeron para sí mismos, como un leve susurro hacia el otro: “todo saldrá bien mientras estemos juntos”.
-          Bien mis niños… será mejor que los devuelva, sus amigos están muy preocupados y no creo que quieran preocuparlos más. Recuerden esto chicos, ellos, irán por ustedes en algún momento… para liberar a su amo y volverlo más fuerte en el instante.
-          Te refieres a los… emm… ¿Controladores voluntarios?.... –Preguntó Plata.
-          Si, a ellos mismos. Tengan cuidado y prepárense para todo… Sé que, como niños, juegan y se entretienen. Pero, tómenlo como un entrenamiento… En verdad no me gusta decirles esto, pero tienen que prepararse, cuidarse por sobre todo y… seguir adelante. Sé que están llenos de dudas en estos momentos, que quieren saber más cosas, pero, todo a su momento. Yo estaré ahí para ustedes si me necesitan. Mientras el tiempo pase, les iré aclarando todas sus dudas antes de que ellos aparezcan. Hasta pronto… mis niños…
Lizar se volvió a convertir en luz, esta vez era tan cegadora que les obligó a cerrar los ojos, dejándose envolver por la luz.


Lea y Red habían dejado a los chicos acostados boca arriba en la orilla, Lea escuchaba el corazón de ambos junto a las respiraciones, estaba muy preocupada y sentía una enorme presión sobre sus hombros. ¿Qué debía hacer exactamente? Tanto tiempo leyendo y sabiendo tantas cosas ¿para entrar en pánico justo ahora? No necesitaban RCP, aun respiraban normalmente. Eso ya era muy extraño para la situación, pero, tampoco podía quedarse ahí sin hacer anda hasta que recobrasen la conciencia.
Un leve gemido salió desde la boca de ambos, seguido de tos.
Habían despertado, no podían evitar toser por el agua, por la búsqueda de más aire. Al abrir los ojos intentaron sentarse como si nada, Lea y Red quisieron evitarles tanto movimiento; pero seguían insistiendo, así que los dejaron sentarse nada más.
Ambos llevaron la mano a sus respectivos pechos y presionaron.
-          <Eso… no fue un sueño, ¿no?... > -preguntó Plata por telepatía.
-          <No lo creo… crees que… ¿Deberíamos de contarles? >
-          <No. Al menos no por ahora. >
-          <Tienes razón… mejor que no se preocupen más. >
-          ¿Están seguros de que están bien chicos?... –Preguntó Red.
-          Sí, estoy bien.
-          Igual yo, no se preocupen.
Ambos se levantaron con un poco de esfuerzo luego de decir eso, aunque Lea les advertía que podría de serles peligroso, ellos insistían en que se sentían bien.
-          Entonces, Red, no has podido recuperar la gema, ¿no es así? –Preguntó Sonia.
-          No, me desistí y fui a ayudarlos.
-          Está bien, en verdad te lo agradezco, no lo hubiese logrado sin tu ayuda. Lea, ¿Algo que rescatar de todo lo que sucedió en la base?
-          Si. Aún tenemos mucho por hacer antes de irnos. Sera mejor que vallamos para allá lo más pronto posible. Sin contar toda la información que pude reunir y tal vez les interese escuchar.
-          Bien, cuéntanos en el camino todo lo que sepas, a por ello chicos –dijo Sonia con una gran sonrisa.

Así los cuatro caminaron por la orilla del mar, se alejaron rumbo a la base, de la cual se podía distinguir el humo y las llamas elevarse hacia el atardecer.

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